Una perla para el alma

2020-08-15T00:27:57-04:00 29 de marzo de 2020|SERMÓN|

Extracto del mensaje

Para el cristiano resulta casi imposible la lectura del Salmo 23 sin pensar en el Señor Jesucristo, cuya figura del Buen Pastor reiteradamente exaltada en las Sagradas Escritura.

¿Qué es uno de los aspectos más resaltantes del Salmo 23? Se trata de una metáfora que nos infunde aliento en las tribulaciones. Es un cuadro de los cuidados de un pastor que tiene intereses específicos en las necesidades de su rebaño, y sobre todo en el cuidado particular de cada oveja; pues hay un detalle que debemos resaltar, y se trata de los pronombres personales “mí” y “tu”, es decir: “yo” y “él”. En este Salmo no se dice: “Jehová es nuestro pastor”, sino “Jehová es mí pastor”. No leemos: “confortará nuestras almas”, sino “confortará mi alma”.

Tampoco dice: “En la casa de Jehová moraremos por largos días”, sino: “Y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

Estimados hermanos y amigos, aunque el Señor no sea el Pastor de todo el mundo, “es mí Pastor y nada me faltará”. Sí, es el Pastor de cada oveja de su redil, ya sea que esté sana o herida, que sea joven o vieja, pequeña o grande, blanca o negra. Es el Pastor de todo aquel ser humano que lo reconoce como su Salvador y Señor.

En referencia al versículo cuatro, que dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tú cayado me infundirán aliento”, quiero destacar tres cosas:

Primero, para el cristiano no existen fantasmas, destructores espirituales, legiones de demonios que nos puedan privar del cuidado del Buen Pastor, “aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno”. No ignoramos que en esta vida atravesamos por valles oscuros, por sombras que aterrorizan, por algo que nos asusta…pero carecen del poder para dañarnos moral y espiritualmente. Nada más que nos asusta, pues una sombra no daña, solamente asusta. El apóstol Pedro dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”. (1 Pedro 5: 6-10)

En segundo lugar, el creyente siempre tiene en el Buen Pastor a su mayor protector, el mejor refugio; pues el salmista dice: “no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. Leemos en el Salmo 34:7, “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”. Más alentador resultan estas palabras del Buen Pastor: “No te desampararé, ni te dejaré”. Hebreos 13: 6. Y luego el escritor, añade lo siguiente: “De manera que podemos decir confiadamente: Él Señor es mi ayudador; no temeré lo que pueda hacer el hombre”.

Finalmente, el texto termina así: “Tu vara y tú cayado me infundirán aliento”. El aliento es sinónimo de vida, de respiración. Con el Señor siempre respiramos, siempre tenemos vida abundante, porque su vara y su bastón, son símbolos ó recordatorios de seguridad, de defensa contra los enemigos espirituales y del amor del Buen Pastor por sus ovejas.

Del Buen Pastor son estas palabras: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”. Juan 10: 27-29. Del mismo modo que un pastor protege sus ovejas, Jesús protege a su pueblo del daño eterno. A pesar de que es de esperar que los creyentes sufran en la tierra, ningún mal dañará sus almas ni quitará su vida eterna con el Buen Pastor. El Señor nos da seguridad y vida abundante. Esta es la declaración más hermosa del Salmo 23.

E.D.A.