La hora de la fe

2020-04-09T20:09:26-04:00 30 de marzo de 2020|E.D.A.|

Mientras estemos en este mundo, nunca podremos evitar los conflictos de toda naturaleza, pero con Dios conoceremos la paz, la fortaleza y la confianza en Él.

En el libro del profeta Isaías, capítulo 26: 3, leemos: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.”

Apoyados por este texto, la confusión y la perturbación son víctimas de la serenidad de la paz y del gran poder de Dios. Paz, tranquilidad, sosiego, confianza en el gran amor de Dios, es lo que más necesitamos actualmente.

Entonces, ¿será posible mantener el alma serena y gozosa durante el transcurso de este día y de todos los días que están por delante? El alma está siempre serena en aquellos creyentes que saben guardar su perenne comunión con Dios, y saben como hacerlo: Lectura de la Palabra, alabanza cantada y plegarias al Creador y Redentor de sus vidas. Esto es: todos los que confiamos en Dios y vivimos para Cristo. “Porque ninguno de vosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o qué muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor
de los muertos como de los que viven,”
Romanos 14: 7-9.

El momento en que vivimos, nuestro mundo es febril, ardiente, impaciente. No puede tener el alma y el pensamiento lleno de paz; es como un mar en tempestad, o como un cielo lleno de nubes oscuras. Apenas han pasado unos cuantos días de cuarentena confinada en sus casas, y la paz se le desvanece, toda tranquilidad y alegría que tanto ansía se le desvanece.

¡Qué distinto resulta los que conocemos la paz perfecta de Dios en medio del caos! Cuando nos entregamos en oración al Señor, nuestra actitud es firme, estable, serena, esperanzadora. La serenidad del alma y del pensamiento que nos invade al tener conciencia de que Dios está a nuestro lado a cada instante, que podemos contarle nuestras inquietudes, consultarle y hacerle preguntas de cosas que no conocemos o tememos, es realmente fabuloso.

¿Está usted experimentando la promesa que Dios ofrece en nuestro texto de hoy? Mantenga sus pensamientos y su confianza en Dios, y la alcanzará.

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, cree también en mí…La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo,” Juan 14: 1, 27.

E.D.A.