Maravillas de la Resurrección

2020-08-15T00:46:51-04:00 12 de abril de 2020|SERMÓN|

Extracto del Mensaje

Queridos hermanos:

“El Señor ha Resucitado”

“El Señor ha Resucitado”

“El Señor ha Resucitado”

Verdaderamente, ¡El Señor ha Resucitado!

En el Evangelio según Lucas 24: 1-9, leemos: “El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás.”

Las primeras embajadoras del mensaje de la resurrección de Jesús fueron las piadosas mujeres que siguieron fieles al Señor. Luego el evangelista Lucas nos narra el acontecimiento donde el Señor Jesús aparece a dos creyentes que viajaban de Jerusalén a Emaús. Se trata de dos hombres desilusionados; porque con la muerte de Jesús se esfumaron todas sus esperanzas acerca de Israel.

Estos dos hombres eran “tardos” o lentos de corazón para creer todo lo que los profetas habían dicho. Jesús les abrió los ojos y los corazones para que comprendieran todas las maravillas de su resurrección.

¿Cuáles fueron algunas de las maravillas de la resurrección de Jesús? Mencionaremos cuatro.

La maravilla de una piedra removida

Esta piedra enorme, que había sido sellada por órdenes de Pilato, y guardada por soldados romanos, fue misteriosamente removida: dos ángeles la habían removido, no por órdenes de Pilato, sino por orden de Dios. ¡No hay piedra que se cruce en el camino de Dios! Todos los escollos, naturales o espirituales, mundanos o diabólicos, no pueden oponerse al amor de Dios por su pueblo. Dice la escritura: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende”, Salmo 34: 7.

La maravilla de una tumba vacía

“El Señor ha Resucitado”. Siglos antes de la resurrección del Señor Jesús, el patriarca Job, que fue el primer creyente en el mundo en creer en la resurrección de Jesús y también en la suya propia, profetizó: “Yo sé que mi redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios…mis ojos lo verán…” (Job 19: 25-27). Estás Palabras constituyen uno de los textos más sublimes de la Biblia. Por oscuro que parezca todo cuanto no suceda hoy, mañana y siempre, el creyente, cómo Job, tiene la certeza de que su Redentor y Defensor vive; y porque Él vive, nosotros también viviremos (Juan 14: 19).

La maravilla de un mensaje glorioso

Los ángeles le contaron a las mujeres piadosas que tenían especies aromáticas para honrar a Jesús, que se acordaran de lo que Él le había hablado, cuando aún estaba en Galilea. Los ángeles dijeron: “No temáis vosotras; porque al que buscáis, a Jesús, no está aquí, pues ha resucitado como él dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor”, (Mateo 28: 5, 6). La piedra no fue removida para que Jesús saliera del sepulcro; Él siempre iba a salir, con o sin piedra, estando o no los soldados que guardaban el sepulcro. Salió para que aquellas mujeres, Pedro y Juan, los discípulos en general, y más tarde Tomás lo vieron con sus propios ojos.

La única manera de ver, amar y servir a Jesús, en el día de hoy, no es por vista, sino por los ojos de la fe, tal como lo hizo el piadoso y recto Job. Todos los creyentes han visto al Señor desde el primer día que lo aceptaron como su Señor y Salvador. El mensaje para nosotros, lo encontramos en la primera carta de Pablo a los Corintios: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Más ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”, 15: 19-22, 57.

La maravilla de una conversación

En el atardecer del domingo, el “día del Señor”, los discípulos que estaban reunidos posiblemente en el “aposento alto”, recibieron la visita del resucitado. Tenían tres noches sin salir de ese lugar. Las puertas estaban bien cerradas por miedo a los judíos. De repente, vieron a Jesús de pie en medio de ellos, y oyeron la voz del buen Pastor que les decía: “Paz a vosotros”.

Una semana más tarde, Jesús les apareció de nuevo. Esta vez, Tomás sí estaba con ellos. De nuevo el Señor les dice: “Paz a vosotros”. El incrédulo Tomás quedó convencido, tan convencido que dijo: “Señor mío y Dios mío”. Lo importante de esta conversación es que Tomás aceptó la divinidad de Jesús y lo adoró. Después el Señor le dijo: “Tomás, más bienaventurado son los que no viendo creen en mí”. La conversación íntima con Dios por medio del Señor Jesús, hace desaparecer toda incredulidad y todo temor. ¿Experimentamos nosotros, cada día, con nuestras puertas cerradas, la comunión con el Señor? ¿Recibimos en su nombre la paz que necesitamos hoy? El único credo que el Señor desea escuchar de su pueblo, es el credo: “Señor mío y Dios mío”. Al amarlo, adorarlo y recibirlo. Entonces somos, Bienaventurados.

¡Cristo vive! ¿Es Él verdaderamente el que vive y reina en nuestras vidas?

E.D.A.