La hora de la fe

2020-06-14T03:10:08-04:00 17 de abril de 2020|E.D.A.|

Los capítulos 13-17 de Juan nos cuentan lo que dijo el Señor Jesús a sus discípulos antes de su muerte. Todas estas palabras las expresó una noche en la que contando únicamente con la presencia de los suyos, les dio las últimas instrucciones a fin de prepararlos para el futuro.

El capítulo 13 comienza así: “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su obra había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

“Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Jesús ya no se presenta más a la nación, sino exclusivamente a los discípulos la noche antes de su muerte. En sus instrucciones finales, Él usa y practica el amor que tantas veces les había enseñado y compartido. Se ocupa de los suyos “hasta el fin”.

Jesús sabía que uno de sus discípulos lo traicionaría, otro le negaría y todos los abandonarían durante un tiempo por miedo a los judíos. Aún así, “los amó hasta el fin”. Él nos conoce completamente, como a sus antiguos discípulos. Conoce los pecados que hemos cometido y los que nos faltan por cometer; pero a pesar de eso, nos ama hasta el fin . ¿Cómo respondemos ante esta clase de amor?

Su amor para con nosotros hasta el fin, es el mayor milagro que hemos recibido de parte de Dios. ¿Qué tenemos como creyentes y discípulos para que Él nos ame “hasta el fin” ? ¿Qué tengo yo y qué tiene usted para que no deje de amarnos?

La verdad central de porqué nuestro Señor era, es y siempre será así, es porque su naturaleza divina y humana es la del amor, aún siendo nosotros pecadores. (Romanos 5: 8). ¡Qué maravilla!, el amor que motivó a Cristo a morir por nosotros es el mismo amor que le profesó a sus discípulos. Si de Venezuela, nuestro país, se dice que tiene las más grandes reservas de petróleo del mundo por cientos de años, Cristo tiene unas ‘reservas’ de amor infinito, eterno, por todos nosotros. Mediante la fe en su obra Redentora, en vez de ser enemigos nos ha convertido en hijos de Dios y en sus amigos. (Juan 15: 14, 15).

Tal es el amor de Jesús de Nazaret de Galilea para cada uno del pueblo de Dios. Aún hasta el momento de su muerte reinó en su corazón aquella pasión dominante de amor por los suyos.

Esto debería hacernos pensar, no solamente en estos días de problemas y dificultades materiales y físicas, sino siempre con gratitud y con entusiasmo espiritual para su gloria y honra, porque nos ama “hasta el fin”. En ciertas esferas de la vida lo que estropea el esquema de las cosas, ya sean deportivas, sociales, religiosas, políticas… se le excluye. Sin embargo, en el esquema espiritual de Cristo siempre hay para el creyente lugar para su amor, su obra, y su amistad.

“Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Mateo 28: 20).

E.D.A.