La espiritualidad acepta la obediencia

2020-05-25T21:39:51-04:00 23 de febrero de 2020|BOLETÍN|

Domingo, 23 de febrero de 2020

La espiritualidad acepta la obediencia

¿Cuál es la diferencia esencial entre la vida de uno que es espiritual y uno que no lo es? El que no es espiritual vive independiente del señorío de Jesucristo; mientras que el espiritual depende de Cristo en todo aspecto de su vida, aprende a depender de Jesús en toda circunstancia.

“El concepto de espiritualidad-dice A.W. Tozer-varía entre los diferentes grupos de cristianos. En algunos círculos la persona que habla más de religión es tomada como la más espiritual. Otros aceptan la exuberancia ruidosa como la más genuina marca de espiritualidad. Y en algunas iglesias la persona que ora primero, largo, emocionado y en alta voz, gana reputación de ser el hermano (a) más espiritual de la asamblea. Pero debemos tener en cuenta que estas señales, por si mismas, no comprueban realmente la espiritualidad.”

La virtud de la vida espiritual exige algo más que ejercicios religiosos y/o palabras santificadas. La espiritualidad verdadera se manifiesta a través de una vida controlada por el Espíritu Santo, santificada por la Palabra de Dios y ordenada o disciplinada por el mismo cristiano.

Es importante que el creyente en Jesucristo comprenda plenamente este principio y lo ponga en su corazón si quiere escapar de las garras del síndrome de la desobediencia y de la indisciplina cristiana.

¿Qué sucedió con Moisés en el desierto de Zin, en Cades, cuando los sedientos israelitas le lanzaron feroces acusaciones? (Números 20: 2-12). Al contemplar a la gran multitud de descontentos se encendió su enojo, y acto seguido golpeó la roca dos veces, y salieron muchas aguas y bebió la congregación y sus bestias. ¡De nuevo otro estupendo milagro! ¡Qué enorme éxito! Sin duda Moisés y Aarón se abrazarían. Moisés volvía a ser el héroe. Pero este era el punto de vista terrenal. Desde el punto de vista del cielo, Moisés había desobedecido a Dios lastimosamente. En su enojo Moisés había pasado por alto la orden de Dios de hablar a la roca, y en lugar de ello había golpeado dos veces. El trágico fallo era de tales proporciones que Moisés no vería cumplido el sueño más acariciado de su vida: dirigir la entrada de Israel a la tierra prometida.

La razón de que Moisés fallara en su intento de introducir al pueblo de Israel a la tierra prometida fue su falta de obediencia a lo ordenado por Dios y su propia indisciplina espiritual. Como lo dice el apóstol Pablo: las cosas espirituales deben ser discernidas espiritualmente (1 Corintios 2: 14).

La estatura espiritual de un cristiano no se determina por lo que él dice y cree, ni por la iglesia a la cual pertenece, sino por lo que es con respecto a Cristo y por la vida ordenada que lleva dentro y fuera de la iglesia. La espiritualidad bien interpretada es dejar a Dios que use lo que es suyo; es establecer una verdadera escala de prioridades, principios y valores cristianos; es desear llevar la cruz del evangelio, que no avergüenza; es el deseo de ser cada vez más santo; es el juzgar todas las cosas desde el punto de vista del Señor Jesucristo; es el anhelo de progresar constantemente, de crecer siempre para gloria de nuestro Señor y ahora de la iglesia.

Alguien dijo: “Dios no busca grandes hombres para lograr grandes resultados. Solamente necesita que sean consagrados”. El Señor no nos pide para sí ningún certificado de buena conducta; Él no lo necesita; nos pide, sí, la lealtad, la confianza suprema, el testimonio sincero, el servicio perseverante para Él.

La verdad es que, la vida cristiana sin Cristo en el centro del corazón, es un fracaso. Cuando alguien pretende ir más delante de lo establecido por Dios en su Palabra, no es nada raro que espere dificultades insuperables en su vida diaria. Quien suscribe este editorial no cree que Satanás tenga mucho interés en destruir a los cristianos físicamente, es decir, matarlos o quitarles la vida; más bien la estrategia maestra del diablo es anular la capacidad de consagración y servicio espiritual al Señor Jesucristo. Y a Su iglesia. ¡Y cuánto éxito no ha tenido Satanás en esto!

Todo los cristianos de todas las edades y de toda variedad de doctrinas y formas de culto, han coincidido a lo menos en una cosa: Que separados de Cristo nada podemos hacer (Juan 15:5); que desligados de Cristo caemos de la gracia divina (Gálatas 5: 4), es decir, las bendiciones celestiales quedan interrumpidas.

¡Dichoso el cristiano que ha puesto su vida al servicio de Cristo y de su iglesia! El tal debe saber que Dios le dará abundante gozo. El hombre o la mujer que se haya sometido al señorío de Jesucristo, entregado y obediente a sus mandamientos, es una persona feliz y sumamente espiritual. Sólo el que vive para el honor de Dios, se convierte en una joya espiritual para Cristo. Sin duda alguna que el privilegio más grande que se le puede conceder a un cristiano es que pueda contarse en el grupo de los consagrados y disciplinados.

El que no obedece a Dios, que representa el “Timón” de la vida cristiana, obedece al escollo, a la injusticia, a la deshonestidad, a la mentira, al enojo, a la venganza, etc. Donde reina la obediencia al Señor y a Su Palabra, es ser libre, gobernado por la verdad, la santidad y la obediencia. En esto está la verdadera espiritualidad, el descubrimiento de la voluntad de Dios.

Es hermoso ver como los más antiguos cristianos tenían una espiritualidad y obediencia al Señor completa, coincidiendo con las enseñanzas y prácticas del Nuevo Testamento. Esto confirma que la fe de ellos estaba en contra de las veleidades de escritores de nuestro tiempo, que se atreven a negar o a tergiversar las verdades fundamentales de la Biblia. La espiritualidad cristiana fue bien comprendida, aceptada y practicada por los creyentes de la era apostólica, y de ello dan prueba las Escrituras del N.T., desde Mateo hasta Apocalipsis, y el testimonio de vidas victoriosas y gozosas de los últimos siglos de nuestra época moderna, tales como: C.H. Spurgeon, Matthew Henry, William Barclay, A.W.Tozer, W.T. Conner, E.Y.Mullins, K.S. Latourette, H.H. Muirhead, Billy Graham, escritores y predicadores de muchos libros y programas radiales que buscaban siempre introducir a los creyentes a la espiritualidad y la obediencia a Dios (visite nuestra biblioteca y busque estos autores). ¡Que nosotros siempre seamos cristianos espirituales (no “espiritualistas”) y obedientes al Señor, según lo establecido en las Sagradas Escrituras!

E.D.A.