¡Aliéntame, por favor!

2020-05-25T21:33:23-04:00 21 de junio de 2015|BOLETÍN|

Domingo, 21 de junio del 2015

¡Aliéntame, por favor!

Quizás usted no la haya dicho en voz alta, pero es probable que haya pensado en las profundidades silenciosas de su alma: “aliéntenme, por favor”. La falta de aliento es algo que surge dentro de nosotros, algo que comienza a marchitarse en nuestro corazón y que despoja la vida de su alegría.

Cabe decir que es un error fatal tomar una decisión de importancia en las horas oscuras del desaliento. Fue este el gran error que cometió el profeta Elías. En un estado de postración física y espiritual, debajo de la sombra de un enebro, Elías no se encontraba en condiciones para adoptar una resolución tan decisiva para su vida y ministerio profético. En su desaliento le pidió a Dios que ya no quería seguir viviendo (1 Reyes 19: 1-15). Todo lo contrario sucedió con David. Acorralado y golpeado por la adversidad, y luchando contra el desaliento, escribió estas palabras: “En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. Ten misericordia de mí oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo”, Salmo 31: 1, 2, 9.

¿Necesita aliento? ¿Alguien que lo escuche, que lo comprenda? Pero, ¿a quién acudir? Cuando percibe que no tiene a nadie a quien contarle sus problemas, ¿dónde encontrar aliento para el alma?

Podemos aprender mucho de las vidas de otras personas mencionadas en la Biblia, como Abraham, Moisés, Elías, Eliseo, Job, David, Jeremías, Habacuc, Pablo, entre otros, Ellos experimentaron el desaliento, la tristeza, la soledad, el desengaño. La debilidad física, el desfallecimiento espiritual. Sin embargo, aprendieron a descansar en el Señor.

Quiero ser dolorosamente específico. Por ejemplo, ¿a quién acude usted cuando el desaliento lo agobia? O cuando afronta una situación emocional tan difícil como:

  • acaba de darse cuenta de que un familiar es homosexual,
  • su cónyuge quiere la separación o el divorcio,
  • su hija se fue de la casa y usted teme que esté embarazada,
  • acaba de perder su trabajo,
  • se enfrenta a un desastre económico agobiante,
  • descubre que su hijo no aprobó el examen de admisión para entrar en la universidad o fracasó en la entrevista para optar a un trabajo,
  • un familiar está en la cárcel por quebrantar la ley,
  • un hijo acaba de contraer una enfermedad contagiosa y grave,

¿Qué necesita?, ¡alguien que lo aliente! Alguien que lo comprenda, lo escuche, le brinde ayuda.

No quiero solamente darle nuevas ideas acerca de Dios. Lo que quiero es que usted encuentre al Dios misericordioso tal como Él se revela a sí mismo en las Escrituras. Mejor aún, alabe a Dios, porque usted está en la lista de esta promesa: “¿No es él tu padre que te creó? Él te hizo…”, Deuteronomio 32: 6.

Cuando una situación difícil lo haya desalentado y esté demasiado cansado para orar, leer la Palabra de Dios y, además, esté enojado, o triste, o alejado de la iglesia, recuerde que el Señor ha dicho “estaré contigo: no te dejaré, ni te desamparare… porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”, Josué 1: 5, 9.

El tema melodioso de este himno que muchas veces entonamos en la iglesia: “Cuando estés cansado y abatido, dílo a Cristo, si te sientes débil, confundido, dílo a Cristo el Señor. Dílo tan sólo a él” (Himnario Bautista, 418), debería de acompañarnos mientras vamos en el carro, o caminando en soledad, o de regreso a la casa después de un día de presiones, exigencias y fatiga… ¡Dílo a Cristo!

Por otro lado, una de las funciones cristianas más loables es la de alentar al hermano. Es fácil reírse de las ideas de la gente; es fácil echar un jarro de agua fría al entusiasmo; es fácil desalentar a otros. El mundo está lleno de desalentadores. Pero los creyentes tenemos el deber de alentarnos unos a otros, como bien lo dice la palabra de Dios: “Por tanto, alentaos los unos a los otros… que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos”, 1 Tesalonicenses 4: 18; 5: 14. Muchas veces una palabra de alabanza, o de gratitud, o de aprecio, o de estímulo, ha hecho que un hermano quede de pie.

Repasando los últimos años, he aprendido una valiosa lección. Cuando los hermanos en la fe están sufriendo, necesitan más que retórica, teoría, lectura de libros; más que consejo profesional o teológico. Mucho más que instrucción religiosa. Necesitan sentir que estamos cerca de él o de ella. Deben saber que nos interesamos en su problema. La verdad y el tino, la sinceridad y el amor son buenos compañeros para los desanimados, Siempre debemos tomar en cuenta la teología, la interpretación correcta de las Escrituras, el rígido cumplimiento de la doctrina, el fino arte de las ideas ordenadas. Pero también es necesario poner en práctica lo dicho por el Apóstol Pablo, en 1 Corintios 13.

El cristianismo es una religión del corazón. No basta la creencia y la denominación religiosa. El verdadero cristianismo es un estilo de vida semejante al de Cristo. Se expresa mediante la dedicación abnegada y el desprendimiento generoso. Al servir y alentar a los demás, nos asemejamos a Dios; “porque Dios es amor”, 1 Juan 4: 8.

E.D.A.