Exhibir el fruto del Espíritu

2020-05-25T21:33:42-04:00 20 de septiembre de 2009|BOLETÍN|

Domingo, 20 de septiembre de 2009

Exhibir el fruto del Espíritu

Al explorar la necesidad de mostrar el fruto del Espíritu, el Señor Jesús habló de cómo una persona es conocida por su fruto (Mateo 7: 15-23). Y en Juan 15: 1-8, dijo que los que permanecen en Él llevan mucho fruto y que al llevar fruto espiritual el Padre es glorificado. Sin embargo, para llevar fruto hay que desear ser guiado por el Espíritu Santo.

El apóstol Pablo llama “fruto del Espíritu” a las cualidades éticas y cristianas que debe exhibir el creyente. Estas son: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5: 22, 23). Obsérvese que el creyente no puede producir paciencia, la bondad, el amor, etc., dentro de sí mismo; sólo tiene que permitir que el Espíritu lo haga. Esto significa que la llenura del Espíritu y el fruto del Espíritu es una obra de cooperación entre el creyente y Dios. Intentar hacer lo que no nos corresponde es un error tan grande como dejar de hacer lo que nos corresponde.

Alguien ha comparado el fruto del Espíritu a un jardín de flores. “En él crece la madreselva del amor, la rosa del gozo, el lirio de la paz, la campanilla de la paciencia, el clavel de la amabilidad, la violeta de la mansedumbre y el alhelí del dominio propio”.

Otro erudito parafraseó el texto de Gálatas 5: 22, 23 de la siguiente manera: “El fruto del Espíritu es una disposición afectuosa y cariñosa, un espíritu ardiente y un temperamento gozoso, una mente serena y una manera tranquila, una paciencia inagotable en circunstancias provocativas y con personas molestas, una visión compasiva y una asistencia atinada, un juicio misericordioso, lealtad y confiabilidad bajo cualquier circunstancia, humildad que se olvida de sí misma por el interés de otros, y en todas las cosas con dominio propio que es la obra final de la perfección”.

Jhon M. Drescher afirma: “El Espíritu Santo tiene tanto que ver con nuestras disposiciones como con nuestras dispensaciones, con nuestras actitudes como con nuestras acciones, con nuestro comportamiento como con nuestras creencias”.

Los creyentes debemos saber la diferencia entre dones espirituales y fruto del Espíritu. Los dones espirituales son los otorgados a las personas que creen en el Señor Jesucristo como su Salvador y han sido bautizadas según la norma del Nuevo Testamento, con el propósito de edificar a la iglesia y testificar a la humanidad de la gracia de Dios. Los dones tienen que ver con la vida EXTERIOR de servicio, para la acción espiritual dentro y fuera de la congregación, se distribuyen entre los miembros de la iglesia por iniciativa del Espíritu Santo. Cada creyente tiene, cuando menos, un don; puede recibir uno o más dones que otros creyentes no tienen, y contrariamente otros creyentes pueden tener dones de los que nosotros carecemos.

Todo lo relacionado con los dones espirituales está explicado en Romanos 12: 3 – 8; 1a Corintios 12. En estos textos se nos enseña que el creyente no vive su vida en aislamiento sino dentro de la comunidad cristiana. Los dones son facultades espirituales dados por Dios para que la iglesia cumpla su ministerio. Es claro que el hombre no puede obtenerlos por sí mismo.

El Fruto del Espíritu, en cambio, tiene que ver con nuestra vida INTERIOR. A diferencia de los dones, el fruto no es dividido entre los creyentes. Por el contrario, todos los creyentes deben caracterizarse por poseer todo el fruto del Espíritu. Alguien lo ha catalogado en la siguiente forma:

  1. El Espíritu Santo nos hace amorosos (Ro. 5:5 y Jn. 13:34).
  2. El Espíritu Santo nos hace sentirnos gozosos (Hch. 13: 52).
  3. El Espíritu Santo nos hace calmados y pacíficos (Fil. 4: 6, 7).
  4. El Espíritu Santo nos hace pacientes y cariñosos (1a 13:4).
  5. El Espíritu Santo nos hace amables (1a 13:4 y Ef. 4: 30 – 32).
  6. El Espíritu Santo nos hace buenos (Hch. 11: 24).
  7. El Espíritu Santo nos hace mansos (Mt. 11:29).
  8. El Espíritu Santo nos hace humildes (Mt. 11:29).
  9. El Espíritu Santo nos hace dueños de nosotros mismos (Fil. 4: 13).

Este fruto se refiere a las cualidades, actitudes y ética del creyente. El fruto del Espíritu es para moldear el carácter, el pensamiento y las acciones de los cristianos. Cada una de las nueve características de dicho fruto debe verse en todos los creyentes; pues no son nueve frutos sino EL FRUTO, en singular, manifestado en nueve facetas o cualidades cristianas.

La obra del Espíritu Santo es reproducir la vida de Cristo en nosotros. No podemos vivir esa vida sin el poder capacitador del Espíritu como lo dice el profeta Zacarías: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). Si los creyentes han de ser relevantes e impactantes, como lo fueron los cristianos del primer siglo, tenemos que esmerarnos en exhibir el fruto del Espíritu. En nuestras propias fuerzas, somos inútiles y sin poder; somos como ramas cortadas de la vid, si tratamos de vivir nuestra propia vida. Pero al mostrar el fruto del Espíritu, otros verán en nosotros al Señor y serán atraídos a la salvación.

E.D.A.