La hora de la fe

2020-05-01T07:16:55-04:00 29 de abril de 2020|E.D.A.|

De la mayoría de las cosas podemos decir: “Vanidad de vanidades… todo es vanidad”, Eclesiastés 1: 2; pero de la Biblia hay que afirmar: “Verdad de verdades, todo es verdad” (Juan 17: 17).

Del apóstol Pablo son estos versículos: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”, 2 Timoteo 3:16-17.

“Toda la Escritura…” tiene un gran significado. El original conlleva la idea de una Escritura que es eficiente, poderosa e infalible en todo lo que expresa. Señala la verdad adecuada y pertinente que debe tener cabida en el corazón de quien la escudriña. Entonces, “¡Toda!” tiene que ver con las creencias, las ideas, las enseñanzas y la aplicación de ella en la vida de relación cristiana. La verdad central es que las Escrituras son indispensables para la edificación y disciplina del creyente y de la iglesia, en conformidad con la justicia de Dios, en contraste con el pensamiento y las ideas humanas. Todo a de juzgarse a la luz de la verdad bíblica.

Sobre eso es conveniente alertar acerca de lo que pensamos y lo que Dios quiere o piensa. A veces existe la tendencia de juzgar las cosas en base a la opinión personal y no en base a la Palabra de Dios. Por ejemplo, para algunos cristianos lo más resaltante de la Biblia son los capítulos y/o versículos que tratan del amor, del perdón, de la hermandad, de la amistad, etc. Les gustan las lecturas bíblicas como Salmo 23, 27, 51, 90, 91, 103, 121; lo mismo que las bienaventuranzas del sermón del monte, la parábola del hijo pródigo, Juan capítulos 10 y 14, 1 Corintios 13, Filipenses 4, Apocalipsis 21 y 22, entre muchos otros textos.

Pero no son muy dados a subrayar en sus Biblias todos los Díez mandamientos, todos los versículos alusivos a la desobediencia, mal testimonio, todas las enseñanzas de Cristo en el sermón del monte, los peligros de las obras de la carne, la amistad con el mundo, etc. (Véase Salmo 141: 5; Romanos 1: 18-32; 1 Corintios 5: 1-5; 2 Corintios 6: 14-18; Hebreos 12: 5-13; Gálatas 5: 16-25; Apocalipsis 2: 18-29). ¡Qué triste la queja de Dios contra Israel!: “Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña”, Oseas 8:12. Aunque las leyes de Dios se escribieron para ellos, Israel las tenía como algo extraño. Los israelitas hacían esto constantemente: ignoraban las leyes que no les gustaban y que debían practicar. Era una manera de menospreciar y eludir la voluntad de Dios y de no hacer lo que correspondía. Lamentablemente, en ocasiones ciertos comportamientos de creyentes son los mismos que los del pueblo de Israel.

¡Bendita sea “TODA LA ESCRITURA” inspirada por Dios! En ella Dios revela su carácter, su santidad, su salvación “a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

La fe del cristiano se inspira en toda la Escritura porque, (1) la Biblia es lo que declara ser, la Palabra de Dios, (2) en ella hay majestad y poder de Dios, (3) ella ha demostrado ser verdadera en nosotros mismos. En Apocalipsis 19: 9 dice: “Estas son palabras verdaderas de Dios”. Sí, palabras libres de errores, mentiras, engaños. Porque la Biblia es inspirada por Dios y confiable, debemos leerla y aplicarlas a nuestras vidas. Ella es la norma para probar todo aquello que pretende ser la verdad. Es nuestra protectora contra las enseñanzas falsas y nuestra guía para saber cómo vivir.

¿Cuánto tiempo emplea usted en la lectura de las Escrituras? Léala regularmente para su propio beneficio y el de su iglesia. No solamente los pasajes que más conoce, que más le gustan, sino “TODA”, porque es inspirada por Dios.

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”, 1 Timoteo 1: 15.

Santa Biblia, para mí eres un tesoro aquí;
Tú contienes con verdad la divina voluntad;
Tu me dices lo que soy, de quién vine y a quien voy.

Tú reprendes mi dudar; tú me exhortas sin cesar;
Eres faro que a mí pie, lo conduce por la fe
A las fuentes del amor del bendito Salvador.

Eres infalible voz del Espíritu de Dios,
Que vigor al alma da cuando en aflicción está;
Tú me enseñas a triunfar de la muerte y el pecar.

E.D.A.