La hora de la fe


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Hay varios temas en el capítulo cuatro de Santiago que haríamos bien en detenernos a considerarlos. Sin embargo, para este devocional de la hora de la fe, nos fijaremos en los versículos 7-10, que dicen: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”.

Es evidente que la vida cristiana por excelencia es algo que debemos perfeccionar. Acercarse cada vez más a Dios, es lo que más necesitamos y lo que más debemos querer en este mundo. Buscar amistad con el mundo es convertirnos en infieles a Dios. Dios y el mundo son opuestos entre sí y el creyente no debe conservar a ambos. No podemos pensar en Cristo y el mundo, sino en Cristo o el mundo. Si el Espíritu Santo nos controla totalmente, elimina todo lo que se oponga a nuestra vida en Cristo ¡No existe vida tan sublime como la que busca a Dios!

¿Cómo podemos acercarnos a Dios? La idea de “acercaos a Dios” básicamente consiste en ser sobrios y serios con las cosas espirituales establecidas en la Palabra. Los cristianos que viven para el Señor se tornan humildes, serviciales, amorosos; resisten al diablo, al mundo y a la carne. Saben como usar la Palabra, sus emociones, sus sentimientos, su tiempo y sus amistades; están dispuestos a “purificar sus corazones”, rendirse a la autoridad de Dios, sustituir sus deseos carnales por los deseos de experimentar la santidad de Dios. Se “humillan delante del Señor” y Él los pondrá en alto. Eso es lo que nos dice Santiago 4: 7-10. Lea nuevamente ese pasaje.

Cuanto más nos acercamos a Dios, tanto más benignamente se revela Él a nosotros. Esto es exactamente lo que sucedió con el hijo pródigo: “Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”, Lucas 15:20. Nótese que el padre velaba y esperaba. De la misma manera, el amor de Dios es persistente y fiel. Dios siempre nos espera para que encontremos comunión perfecta con Él. Para que esto suceda, tenemos que recobrar el sentido de necesidad espiritual con el Padre.

Dice el salmista: “Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró de todos mis temores. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien”, Salmos 34: 4, 10. Todos los que buscan al Señor en su necesidad recibirán respuestas sorprendentes. David dice que al buscar a Dios, se tiene todo lo que se necesita en esta vida. Con Dios nuestras necesidades espirituales reciben respuestas y bendiciones eternas.

Así como la paloma errante regresó al arca (Génesis 8:11) y Noé extendió su mano y la hizo entrar en ella, Dios nos extiende su mano para “Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre” Salmos 100: 4.

¿Se ha fijado alguna vez en el pasaje de Isaías 58:9 ? En ese versículo, parece como que el Señor se pusiera a la disposición de su pueblo al decirles: “Heme aquí”. Como si expresara: “¿Qué tienes que decirme?” “¿Qué puedo hacer por ti?” “¿No ves que estoy esperando para bendecirte?” “¿Cómo es que tardaste tanto en acercarte a mí?”

Dios siempre está cerca para bendecir, consolar, ayudar, perdonar, vivificar y librar de peligro a todo el que le busca (Isaías 55: 6). Por lo tanto, sea nuestra prioridad el acercarnos a Él, “en tanto que está cercano”. Dios no planea apartarse de nosotros, pero a menudo somos nosotros los que nos apartamos o construimos una barrera entre ambos.

¡Busque al Señor ahora en oración! ¡Busque que le hable a través de su Palabra ahora! ¡Clame al Señor en este día de gracia y oportunidades para bendecirlo y alabarle con todo el corazón! Sea esta su prioridad hoy y siempre.

E.D.A.

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