La hora de la fe

2020-05-13T12:45:11-04:00 12 de mayo de 2020|E.D.A.|

La casa es refugio y solaz, seguridad y descanso para toda la familia. Llevar a cabo fielmente las tareas de la casa es un gran logro. Deberíamos trabajar para satisfacer las necesidades físicas, económicas y espirituales y protegernos del “comején” del hogar.

David escribió el Salmo 101 al final de su reino, cuando estableció ciertas normas que quería seguir en su casa: “Entenderé el camino de la perfección Cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; El que habla mentiras no se afirmará delante de mis ojos”, Salmos 101: 2, 7. Y su hijo, Salomón, hizo el siguiente comentario: “Mejor es vivir en un rincón del terrado Que con mujer rencillosa en casa espaciosa”, Proverbios 21:9.

El valor de la casa o del hogar es inapreciable. La Biblia destaca el privilegio de la casa en varios sentidos, pero siempre con la idea de establecerla como el sistema de vida ideado por Dios. Por ejemplo, la Biblia habla de la casa de Israel, la casa de David y, en el caso de Salomón, llega a llamarse casa al templo donde había de ser invocado el nombre de Dios. Jesús, en el Nuevo Testamento, dice: “Mi casa, casa de oración será llamada…”, Mateo 21: 13. Y los primeros creyentes convirtieron sus casas en centros de oración, de compañerismo, de estudio y proclamación del Evangelio (Hechos 2: 46; 5: 42; 10: 2; Romanos 16: 5; 1 Corintios 16: 19; 1 Timoteo 5: 14, etc.)

Aun el cuerpo humano llega a llamarse “casa” donde habita Dios por la fe en cada creyente (1 Pedro 2: 5). Y del apóstol Pablo son estas palabras: “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”, 1 Timoteo 5: 8. ¿Está usted cumpliendo con su parte para atender a aquellos que están o forman parte de su casa? ¿Hasta dónde nuestra casa es sinónimo de buena conducta?, ¿sobre todo de armonía y de valores morales y espirituales establecidos en la Palabra de Dios? Dice en Proverbios 17: 1: “Mejor es un bocado seco, y en paz, Que casa de contiendas llena de provisiones”.

Una casa o un hogar feliz es aquel donde los seres queridos se aman, se sirven, se buscan unos a otros. Es muy posible que haya escasez de pan, que el mobiliario sea muy sencillo y que falten muchos de esos utensilios que tanto contribuyen en la actualidad a hacer la vida más cómoda; pero es posible también que pueda haber abundancia de todo esto y, sin embargo, no sentirse felices los que allí habitan.

La totalidad de la enseñanza bíblica reconoce que el comportamiento rencilloso es el elemento más destructor del hogar. Cada miembro de la casa debe cuidar de los demás como ayuda idónea, con sensatez, dignidad, cooperación. Es bueno recordar que la casa es sitio de la presencia de Dios, como los antiguos judíos lo hacían: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”, Deuteronomio 6:5-9. Este pasaje proporciona el tema central de la familia. Establece un patrón que nos ayuda a relacionarnos con Dios y con los que viven bajo el mismo techo. Tenemos que pensar en Dios tanto como en los de nuestra propia carne y sangre. Si usted quiere que sus hijos amen a Dios y lo sigan, debe hacer de su casa una parte de experiencias espirituales diarias (véase Josué 24: 15; Salmo 127: 1; Efesios 6: 1-4; Colosenses 3: 18-21).

Esposo y esposa, padres e hijos, hermanos y hermanas: la intimidad y el amor en la casa deben ser muy genuinos. Si alguien del hogar no quiere vivir en paz y con paz, ¿cómo espera hacerlo en la eternidad con el Señor? El que vive en su casa y ha aprendido a conocer a Dios y amar a los suyos, no necesita ir más lejos.

El hogar es el verdadero símbolo de seguridad, fidelidad, armonía, cariño, fortaleza y de verdadera espiritualidad.

“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia”, Salmos 127:1. Es Dios quien da sentido a la vida de relación familiar y social, no reconocerlo puede suceder que todo esfuerzo humano sea en vano. “La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella”, Proverbios 10: 22. Los hogares y los países edificados por Dios son los valores más
grandes de este mundo.

E.D.A.