La hora de la fe


La palabra española “proverbio” proviene del latín: pro (en lugar de) y verbal (palabras). De modo que un proverbio es una frase que se da “en lugar de muchas palabras”; es una declaración corta que resume un principio sabio. Como vemos, este proverbio sabio de Salomón fue inspirado por Dios: “Sabroso es al hombre el pan de mentira; Pero después su boca será llena de cascajo”, Proverbios 20: 17.

Satanás tuvo la osadía de hacer ofertas aún al Hijo de Dios en el desierto después de su bautismo en el río Jordán (Mateo 4: 1-11); de modo que nosotros los creyentes no estamos exentos de ser tentados; pero, como el Señor, debemos estar alerta para no comer “el pan de mentiras”. A veces pareciera que los que llenan sus bocas de “cascajo” nos llevan la delantera y obtienen beneficios sin prestar atención a lo que Dios quiere. Pero no es así. Dios promete esperanza y beneficios maravillosos que aunque no los obtengamos en estos momentos tan difíciles, los conseguiremos más adelante, ya sea en esta tierra o en la otra vida.

Satisfacer los apetitos con “pan de mentira” puede ser causa de pérdidas irreparables para el alma, y porque no, también para el cuerpo. Al respecto basta con recordar la historia de Adán y la de Esaú. Adán no escuchó el sabio consejo de Dios, no quiso enderezar su corazón al buen camino. Tomó la peor de las decisiones: él desafió a Dios; le agradó más llenar su boca con “pan de mentiras”, que el valor de la vida espiritual. La descripción que la Biblia hace del padre de la mentira lo arruinó física y espiritualmente. Hay que cuidarse de las satisfacciones momentáneas que poco a poco destruyen el mañana.

Si repasamos el ejemplo de Esaú nos encontramos con un hombre que construyó su propio fracaso; vivió la tragedia de haber perdido su primogenitura por un plato de lentejas. Es inconcebible que favorecido por Dios con tantas bendiciones presentes y un futuro de grandes posibilidades de éxito frente a sí, resultó con disposiciones descabelladas que echaron por tierra el ser digno heredero de los favores que Dios había puesto al alcance de sus manos, dones y privilegios descomunales. ¡Cuántos actualmente malgastan las bendiciones de Dios en un santiamén por haber comido el pan de mentira…por haber llenado su boca de cascajo! Triste es recordar la conocida parábola del hijo pródigo que refirió el Señor Jesús destacando el despilfarro de una herencia con desfachatez.

El dominio propio, la dirección del Espíritu, el consejo de las Escrituras es un hábito que debe cultivarse “comiendo el pan del cielo” (Juan 6: 51). No hay que comer el pan de mentira llenando la boca de cascajos. Satisfacer los apetitos con las migajas de este mundo, puede causar pérdidas familiares, eclesiales y morales. ¡Cuántos de nosotros hemos sido favorecidos por Dios al tener más de lo que merecemos y necesitamos! Tenemos mayores oportunidades de una mente sana, de evitar los fracasos por insensatez, de aprovechar oportunidades de crecimiento y madurez espiritual, por tener a nuestro alcance la gracia y las promesas de Dios.

En estos tiempos y siempre se requiere el control y la sabiduría del Señor sobre nuestras vidas, donde su voluntad sea deleite de nuestro corazón. Sólo equipados con su sabiduría soberana se puede salir victorioso de la rapiña del impío, de la corrupción de este mundo, de comer “pan de mentira”. Si se considera que el libro de Proverbios es palabra de Dios para guiar y aconsejar la forma de vivir de un creyente, entonces tomemos en cuenta estos proverbios: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos”, Proverbios 3: 5-8.

E.D.A.