La hora de la fe | #51

2020-06-07T05:50:56-04:00 22 de mayo de 2020|E.D.A.|

Leemos en Proverbios 4: 23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”.

“El corazón es el control maestro de la vida. Es la fuente de la vida. El corazón no piensa ni juzga, no hace más que sentir; pero el sentimiento es un poderoso resorte que mueve el alma, y despliega y multiplica sus facultades”. Jaime Balmes.

Corazón” se usa figuradamente en las Escrituras para designar el centro, la totalidad o la esencia de todas las cosas o actividades. En particular se refiere al centro de la personalidad moral del ser humano. Quiere decir lo oculto o la fuente de las pasiones internas del hombre.

Entonces, bíblicamente hablando, a veces significa “mente” (Proverbios 3:3), emociones (Proverbio 15:15, 30), la voluntad (Proverbios 11:20), y en realidad todo el ser (Proverbios 3:5). De ahí la importancia de las exhortaciones de la Palabra de Dios. No se trata del órgano de una persona con buena o mala salud, sino que simboliza o trata de las intenciones hacia algo o alguien.

En el Nuevo Testamento, la palabra “corazón” tiene un uso teológico y espiritual más amplio que en el Antiguo Testamento. El Señor Jesús y Pablo, usan el término para referirse a la fuente o asiento de los sentimientos, deseos, esperanzas, motivos, voluntad y percepciones intelectuales. Por ejemplo, el Señor subraya la importancia del estado del corazón cuando dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”, Mateo 5:8. Y para el apóstol Pablo el hombre puede comprender y experimentar el amor de Dios, sólo cuando Cristo habita en el corazón por la fe: “para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”, Efesios 3:17-19. Nótese que es la fe en Cristo lo que guardará el corazón del hombre, el principio importante de la salud mental y espiritual.

Si vamos al Antiguo Testamento el hombre se comporta según su corazón y Dios conoce lo que en él se guarda: “Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”, 1 Samuel 16:7. También leemos que Dios es el único que puede limpiarlo y recrearlo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí”, Salmos 51:10.

Por lo tanto, tratándose de la fuente de todos los deseos, el corazón debe ser guardado con mucho cuidado: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”, Proverbios 4:23. Sumamente importante la cita de Proverbios 21: 2: “Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; Pero Jehová pesa los corazones”.

La gente puede encontrar una disculpa casi para todo, sin embargo Dios mira detrás de la excusa en busca de los motivos del corazón. Si nuestros actos y pensamientos se caracterizan por un corazón limpio, ninguna cantidad de reproches nos vendrá de parte de Dios. Recuerde: “Dios pesa (examina) los corazones”.

Nuestro corazón (sinónimo de sentimientos, emociones, pensamientos, la voluntad, el amor) dicta en gran manera cómo somos interiormente y cómo vivimos exteriormente. Salomón nos dice que sobre toda cosa nos concentremos en guardar y conducirnos como es digno del Señor. El corazón sensible, afectuoso, amante, quebrantado, arrepentido, humilde, puro, bueno, limpio, permanece inmutable en cuanto a su fe y confianza en Dios.

La fuente de la vida espiritual es el corazón. El conocimiento busca, pero el corazón es el que encuentra al Señor. Nuestro versículo (Proverbios 4:23) está en concordancia con lo dicho por Pablo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, Romanos 12:1-2.

E.D.A.