La hora de la fe | #53

2020-05-25T17:33:25-04:00 25 de mayo de 2020|E.D.A.|

En el libro, El Poder De La Esperanza, del pastor, teólogo y escritor, Charles R. Swindoll, leemos:Los seres humanos no nos parecemos. No actuamos de la misma manera. No nos vestimos igual. No nos gusta la misma comida, ni leemos los mismos libros, ni manejamos los mismos autos, ni disfrutamos de la misma música. A usted le gusta la ópera, a mí la música popular. Tenemos trasfondos, objetivos y motivaciones diferentes. Trabajamos en labores distintas y disfrutamos de pasatiempos diversos. A usted le gusta el fútbol, a mí me gusta el béisbol. Sostenemos una variedad de filosofías y diferimos en cuanto a la política. Tenemos nuestras convicciones singulares en cuanto a cómo criar los hijos y la educación. Nuestros pesos varían. Nuestra estatura difiere. Así sucede con el color de la piel. Pero hay una cosa que todos tenemos en común: todos sabemos qué significa la angustia”.

¿No sería maravilloso si Dios, en cosa de segundos, nos llevara a Su gloria a la semejanza de Enoc? ¿Verdad que eso sería un gran alivio? Jamás tendríamos que luchar con la enfermedad. Jamás tendríamos siquiera la posibilidad de padecer hambre, sufrir accidentes, vivir con miedo, apenar al Señor que nos salvó, causarle dolor a la familia, perder años de fidelidad cristiana. Pero eso no es posible.

El sufrimiento, el fracaso, la amargura, las pruebas, la insatisfacción, la batalla frente al diario vivir, etc., son parte de la vida. Las lágrimas son iguales para católicos y evangélicos, niños y adultos, ateos y religiosos. Sin embargo, en las cosas difíciles debemos conservar la fe y la esperanza en Dios. La diferencia de fondo es la que cuenta: hay gente cuya actitud depende de la naturaleza de su corazón. La dicha de la vida consiste en tener siempre presente a Aquel que nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”, Mateo 11:28-30.

El Señor transforma una situación insoportable o difícil en productividad espiritual, familiar y social con propósito (vea Romanos 8:28). Sólo la salvación de Cristo puede librarnos de dramas trágicos. Sólo podemos emplear la fe y la esperanza más allá del sufrimiento cuando el Señor es lo primero en la vida.

A todos los cristianos Santiago escribió: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”, Santiago1:2-4. De estos versículos aprendemos: (1) Es común que los cristianos enfrenten pruebas, (2) las pruebas o dificultades vienen en varias categorías, (3) los problemas examinan nuestra fe, (4) sin pruebas no puede haber madurez (“perfectos y cabales”).

No se sorprenda por los días que estamos pasando. Ahora es el momento de tener, no una creencia religiosa, sino una fe que vaya en aumento: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto”, Proverbios 4:18. Juntamente con eso, las pruebas se convierten en el medio para un fin mayor: una relación más rica y profunda con Cristo en la tierra y una recompensa muy hermosa de parte suya en la eternidad.

Cuando consideramos todo el panorama cristiano, debemos dar gracias porque el Señor Jesús no se queda quieto ni indiferente; está ocupado y atento a las necesidades del pueblo de Dios: “… y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”, Mateo 28:20b.

E.D.A.