Ante todo, cristiano

2020-08-14T23:48:56-04:00 17 de febrero de 2019|BOLETÍN|

Domingo, 17 de febrero de 2019

Ante todo, cristiano

La vida cristiana debe experimentarse con dos fundamentos como pilares. PRIMERO, amar a Dios y Su Palabra. SEGUNDO, amar a los demás y al mismo tiempo amar todo lo que Dios ama. Brevemente, ilustremos lo que es la vida cristiana:

  • La vida cristiana no es sólo huir de lo malo, sino correr hacia lo bueno. Si dejamos de huir de lo malo, el mal terminará alcanzándonos. El mal corre muy rápido, frecuentemente más rápido de lo que imaginamos. También, si dejamos de correr, jamás alcanzaremos las metas del crecimiento cristiano “hasta que todos seamos perfectos”, Efesios 4: 13.
  • La vida cristiana es una carrera. Entonces exige lo que está escrito en Hebreos 12: 1,2: “Por tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús…”. Enfocarse en la meta y correr con paciencia, perseverancia y disciplina constante cual atletas.
  • La vida cristiana es una incesante batalla. Repasemos seis virtudes que deben estar presentes en la vida de alguien que se hace llamar cristiano, a la luz de 1 Timoteo 6: 11: Justicia: vida recta ante Dios y los hombres. Piedad: sentido de la espiritualidad, santidad y devoción nacido de un corazón sincero, cultivado en la presencia de Dios. Fe: entrega a Dios para todo. Amor: espontáneo, sincero, sin restricciones, hacia Dios, hacia uno mismo y hacia el prójimo. Perseverancia: paciencia y esperanza en el medio de las pruebas. Mansedumbre: poder bajo control; dominio propio; humildad.
  • La vida cristiana es conocer a Dios con el propósito de amarlo y obedecer Su Palabra. Por ejemplo, en Juan 10: 14, el Buen Pastor conoce a sus ovejas y éstas lo conocen a Él. Esto es más que un conocimiento superficial, significa una experiencia de relación personal con el Señor. Definitivamente, la relación que debemos cultivar con Dios es la más elevada.

El más grande de los mandamientos nos desafía a amar y conocer a Dios con todo nuestro corazón. Esto incluye, por cierto, nuestra mente, actitudes y corazón. Por ejemplo:

Primero, EL CONOCIMIENTO DEBE CONDUCIRNOS A UN VERDADERO CULTO DE ADORACIÓN. Mientras más conocemos a Dios, más debemos amarlo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12: 1,2, muestra que nuestra transformación moral, física y espiritual se da por medio de la renovación de nuestro entendimiento de la Palabra. Algo debemos dejar claro: la conducta cristiana debe manifestar la naturaleza del Dios que conocemos y adoramos. ¡No cometamos el error de pretender sustituir el conocimiento bíblico por el nuestro! Ciertamente, cuando adoramos para complacer a Dios, sea en lo privado o en lo colectivo, Él nos santifica, bendice, edifica, sana, fortalece y nos libra de caer en la tentación.

El deseo del corazón de Dios, antes que nada, es que le adoremos. Notemos que el pasaje de Juan 4: 23 dice “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”. Esa búsqueda sigue vigente. ¡Dios sigue buscando verdaderos adoradores!

Segundo, EL CONOCIMIENTO CRISTIANO DEBE CONDUCIRNOS A LA FE. Este conocimiento es el fundamento de la fe. “En ti confiarán los que conocen tu nombre”, Salmo 9: 10. Nuestra fe debe asirse a la verdad que Dios nos ha revelado en su Palabra. Una fe conforme a la Biblia es una que crece cada día. Cuando tenemos la fe bíblica agradamos al Señor nuestro Dios, porque “Sin fe es imposible agradar a Dios”, Hebreos 11: 6. Así que, nuestra vida de fe debe ser moldeada por lo que Dios nos dice a través de su Santa Palabra. En este sentido, la Palabra de Dios es fiel cimiento, veraz y viva (Hebreos 4: 12).

Tercero, EL CONOCIMIENTO CRISTIANO DEBE CONDUCIRNOS A LA SANTIDAD. Salmo 119: 34, dice: “Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón”. Esta debe ser también nuestra constante petición. Pues, conocer el carácter de Dios debe movernos a vivir en pureza.

Cuarto, EL CONOCIMIENTO DEBE CONDUCIRNOS AL AMOR. El conocimiento en si puede ser frío; necesita la sensibilidad del amor cristiano. “El conocimiento envanece, pero el amor edifica”, 1 Corintios 8: 1. “Si entendiese todos los misterios y toda la ciencia…y no tengo amor, nada soy”, 1 Corintios 13: 2. Dios nos dio no sólo la capacidad de pensar, sino de amar.

Finalmente, EL CONOCIMIENTO DEBE CONDUCIRNOS AL SERVICIO CRISTIANO. La mente hebrea comprendía el servicio a Dios como una realidad específica y concreta que, además, involucraba todo el ser. No imaginaban la adoración y el servicio como un asunto abstracto, impersonal o parcial. Era algo concreto e integral.

Adora verdaderamente a Dios quien se rinde a Él por entero y le sirve. Si la adoración no nos mueve a hacer algo por otros en nombre de Dios, es pura vanidad. En verdad, lo que necesitamos no es más conocimiento intelectual, sino una verdadera comprensión del propósito de Dios. Es decir, más conocimiento espiritual que obre para gloria de Dios y edificación de todos.

Necesitamos orar, sí, y con mucho fervor; pero necesitamos también conocer más de Dios por medio de la lectura y estudio de las Sagradas Escrituras. De algo debemos estar convencidos: los que viven conforme a la palabra de Dios marcan la diferencia, son personas que destacan en cualquier rol de sus vidas. ¿Por qué? Porque sencillamente, honran al Señor de sus vidas, que no es otro que nuestro Señor Jesucristo.

E.D.A.