La hora de la fe | #58

2020-05-30T12:57:00-04:00 30 de mayo de 2020|E.D.A.|

La parábola de Jeremías en la casa del alfarero (Jeremías 18: 1-6), ilustra que Dios tiene poder para rehacer vidas hechas pedazos. Sin embargo, Dios responde de acuerdo a cómo responde la persona.

Una descripción e interpretación de la parábola nos muestra, (1) que Dios es el Alfarero, (2) que nosotros somos el barro, (3) que la vida es una rueda, (4) que la desobediencia a Dios estropea la vida, (5) y que las pruebas revelan la clase de persona que somos. El hecho de que la vasija se hubiese echado a perder no era culpa del alfarero, sino del barro.

Jeremías aprendió en la casa del alfarero lo que Dios hace con una vida estropeada espiritualmente. Al igual que un alfarero, tiene un plan para cada vida. La palabra “Alfarero” significa en el idioma hebreo del Antiguo Testamento “el que da forma”. Evidentemente, la analogía es apropiada para pensar en la relación de Dios (Alfarero) con su pueblo (vasija de barro).

Dios es el Alfarero. Esto da a entender que Dios tiene sobre nosotros absoluta soberanía y que es un absurdo poner esto en tela de juicio, tan absurdo como el barro discuta con el alfarero. Dios nos formó del polvo de la tierra (barro) y así somos y seguiremos siendo en Sus manos. “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros”, Isaías 64:8.

Nosotros somos el barro. El barro no tiene gran valor en sí mismo, pero puede convertirse en algo valioso si lo moldean manos apropiadas. La cualidad más importante del barro es que se somete al alfarero; de no ser así se arruina. Sólo Dios puede levantar de sus ruinas a una nación, a un individuo, a un creyente, a una iglesia y a una familia si se arrepiente; si se pone en manos del Alfarero adecuado volverá a ser un vaso de honra; la desobediencia es el gran perturbador de la relación con Dios (véase Salmo 51: 1-12). ¿Está sintiendo ahora la necesidad del Alfarero en su vida? Pídale a Él que le devuelva el gozo y la paz si las ha perdido.

La vida es una rueda. Nuestras vidas como creyentes no las controlan ni la suerte ni la casualidad; Dios las controla. Él observa las circunstancias que nos moldean. Lo más importante en el vaivén de nuestro existir no es el tamaño ni el diámetro de lo que nos rodea y nos mueve, sino el centro. Si la rueda está centrada, todo estará equilibrado. ¡Cristo es el centro, el eje de la vida cristiana! Cuando todo gira alrededor de Él, todo está en sintonía con Dios (Mateo 6: 33).

Las pruebas son el horno. Jeremías no menciona el horno del alfarero, pero es obvio que tenía que estar allí. Ninguna vasija de barro sirve para algo mientras no haya atravesado el horno. El calor del fuego le da al barro moldeado fuerza, belleza, calidad, utilidad y valor. La vida del cristiano tiene sus hornos. El apóstol Pedro habla de las pruebas de la fe en todos los sentidos de la vida (1 Pedro 1: 3-9). Debemos aceptar las pruebas como parte del proceso de crecimiento y santificación de la vida cristiana. Las pruebas nos enseñan a ser más útiles para Dios, para la iglesia y para la familia. Las pruebas perfeccionan nuestro carácter y eliminan las impurezas espirituales (véase 1 Pedro 4: 12-16).

Dios busca y quiere que seamos “vasijas” útiles. ¡Qué importante es rendirse a Cristo en la vida todos los días! Cuando nos dejamos moldear por el Alfarero, Él nos mira de frente y nos sonríe por ser un vaso de honra para su gloria y bendición de nuestras propias vidas. Apliquemos las verdades expuestas en la primera parte del capítulo 18 de Jeremías y descubriremos cosas grandes y ocultas que no conocíamos y experiencias maravillosas de amor del Gran Alfarero: Dios.

E.D.A.