La hora de la fe | #60

2020-06-07T05:32:39-04:00 2 de junio de 2020|E.D.A.|

Daniel es uno de los pocos hombres en las Escrituras sobre quién no encontramos ningún comentario o mención negativa. Sabemos que fue pecador, como cualquiera de nosotros, sin embargo, nada fue registrado que denigrara su testimonio como profeta de Dios.

¿Cómo era la vida de ese hombre determinado, convencido de su fe en Dios y valiente? Daniel fue llevado cautivo a Babilonia, junto con algunos de sus amigos más íntimos (Daniel 1: 17). Aun siendo joven ya se mostraba extremadamente comprometido con Dios (Daniel 1: 8). El Señor lo bendijo por ese acto de valentía. Imagínese a ese joven hebreo arrebatado de su cómodo hogar en Jerusalén y llevado a la distante Babilonia. Ya no lo rodeaban las cosas espirituales de Dios, ni tampoco tenía la influencia de sus padres y maestros piadosos.

¿Cuál era el secreto de Daniel que le posibilitaba agradar y glorificar al Señor constante y determinadamente? Es probable que existiesen varias razones, pero solo destacaremos dos: (1) Repetidas veces Daniel probó ser un hombre de oración (véase 2: 17-23; 6: 10; 9: 1-19). No había situación que necesitara enfrentar (y se encontró con varios desafíos y peligros) que le impidiera encontrar el tiempo para mantener la comunión con Dios por medio de la oración. (2) Fue siempre un hombre íntegro y de gran fe, negándose a vivir como los babilonios. Tuvo el coraje de enfrentarse al poderoso rey de Babilonia, Nabucodonosor, al no adoptar las costumbres de los pueblos que no adoraban a Dios.

Increíblemente Daniel llegó a ser uno de los consejeros de mayor confianza del rey Darío. El que lo pusieran en un puesto tan privilegiado causó el enojo de otros administradores, quienes planearon su muerte y convencieron al rey para que proscribiera la oración a Dios. A pesar de la ley, Daniel continuó orando al Señor. Como resultado de ello, lo condenaron a morir en un foso de leones hambrientos. Pero Dios intervino una vez más y salvó a Daniel, cerrando la boca de las fieras (capítulo 6).

Apreciado lector, ¿usted está enfrentando hoy algún problema? Aparentemente, ¿es muy grande o demasiado serio para que usted y su familia lo sobrelleven? He aquí algunas recomendaciones para que, semejante a Daniel, salga triunfante de aquellas situaciones relacionadas con la fe, la confianza y la esperanza en Dios:

1. Tenga el hábito de conversar con Dios sobre sus ansiedades, sus conflictos y necesidades. Ore sin cesar. El momento de la oración está reservado para que nos encontremos con Dios a solas o junto a nuestra familia.

2. Necesita despertar y reconocer la fragilidad de su condición moral, ética y espiritual. Debe comprometerse con Dios y con su Palabra si  en verdad quiere convertirse en vencedor sobre todo aquello que lo atormenta. El mal no se puede aniquilar, se le vence en el nombre del Señor. Mientras estemos en esta tierra, siempre habrá dificultades, enemigos, sorpresas ingratas; sin embargo, no existen barreras para Dios. Como el apóstol Pablo lo dijo: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4: 13.

3. Es sabio hacer que la obediencia a Dios sea su verdadero propósito en la vida. Eso le permitirá tener gozo, paz, confianza y esperanza, si permanece fiel al Señor. Para poder cumplir metas o propósitos dignos, necesita permanecer en la fe del Hijo de Dios. Debe tener valor y perseverancia para poder triunfar.

Que Dios le conceda la misma fe y valor de Daniel para no ceder ante las presiones, tentaciones y dificultades por las que atravesamos en estos momentos.

E.D.A.