La hora de la fe | #62

2020-06-07T05:14:01-04:00 4 de junio de 2020|E.D.A.|

Hay unas ocasiones adecuadas para las lecturas largas y otras para las cortas; momentos de hacer oraciones largas y momentos de oraciones cortas; situaciones que exigen sermones largos y otras que piden sermones cortos.

El Salmo 119 está compuesto de veintidós “capítulos”, cada uno de los cuales comienza con una letra del alfabeto hebreo, en orden sucesivo. Está dedicado a exaltar la Palabra de Dios. ¿Qué tal la propuesta de leerlo completo en este confinamiento en casa por causa del Covid-19? ¿No es ésta una ocasión propicia para las lecturas bíblicas largas, con oración y meditación? ¿Por qué no se anima a memorizar alguna de las divisiones que más le impresionan?

Con esta lectura de ciento setenta y seis versículos, seguramente usted se gozará y revitalizará su alma con prosperidad espiritual, trayéndole felicidad, orientación y protección divina. ¡Qué gran don de Dios esta Escritura!

No sabemos quién escribió este Salmo, aunque el autor se refiere a sí mismo varias veces, ¡cómo amaba la ley de Dios! Estaba determinado a obedecerla costara lo que costara. Así debemos ser nosotros. Si se tiene las Escrituras, es para leerla y obedecerla; nuestra vida la necesita para la piedad cristiana (véase Salmo 1: 1-3; Juan 5: 39; 17: 14-17; 2 Timoteo 3: 16, 17).

Bosquejando este Salmo didáctico, enfatizamos o tomamos en consideración los siguientes títulos, bajo el enfoque de lo que es la Biblia.

A. Agua para limpieza espiritual (v.9). En la medida en que leemos la Palabra y meditamos en ella, nos limpia nuestro ser interior, así como el agua limpia el cuerpo.

B. Riqueza y valores espirituales (vv. 14, 72, 127, 162). Hay quienes no saben distinguir entre riquezas materiales y valores espirituales, entre palabras intelectuales y promesas divinas.

C. Dulzura para el alma (v. 103). Es triste cuando la gente no tiene “miel” para su alma; es más fácil encontrar hiel que miel en sus corazones.

D. Lámpara que alumbra (vv.105, 130). Este mundo es muy oscuro y la única luz confiable es la Palabra de Dios. Nos guía e ilumina el camino por donde debemos andar.

E. Imparte sabiduría (vv. 66, 97, 104). Podemos obtener conocimiento y datos en otros libros, pero la verdadera sabiduría se halla en las Escrituras. Sin la Biblia los “maestros” de este mundo pueden arruinar nuestro conocimiento del Señor.

F. Consuela los corazones (vv. 50, 76, 82, 92). El Consolador, el Espíritu Santo, toma la Palabra de Dios y la aplica a nuestros corazones para consolarnos.

G. Bendice a quienes la guardan (vv. 1, 2). Es el libro con bendición integral. Nadie deja de ser afortunado o feliz al leerlo.

H. Da vida abundante (vv.25, 37, 40, 50, 88, 93). La verdadera vida viene cuando nos rendimos y creemos en las Santas Escrituras. Cuando estamos desanimados, enfermos, arruinados o derrotados, la Palabra nos vivifica.

I. Libertad (vv. 45, 134). Una ley que liberta: ¡qué paradoja! La incredulidad ejerce un dominio sobre nosotros, pero la Palabra nos liberta de toda necedad, terquedad e impiedad.

Si usted dedica tiempo al estudio de este Salmo 119, no tendrá tiempo para el aburrimiento, el cansancio mental y ánimo, la desesperanza, la impaciencia, ni para discutir con alguien. Tome este consejo: acuda a su Biblia, lea el Salmo 119, memorice los versículos que considere más pertinentes para su vida, y tenga por seguro que el Señor le enseñará y le hará conocer cosas maravillosas para su vida y los suyos.

E.D.A.