La hora de la fe | #63

2020-06-07T05:33:14-04:00 5 de junio de 2020|E.D.A.|

Números es un libro lleno de murmuraciones. Hay una gran cantidad de quejas. “El pueblo se quejó”, dice en el capítulo 11: 1. Luego, vino el alejamiento de sus vidas, cuando permitieron que los redujeran los egipcios que se habían unido a ellos, pero nunca tuvieron un verdadero cambio de corazón. Lo que buscaban los egipcios era todo aquello que agradará a la carne.

Después de las asombrosas evidencias del amor de Dios en los capítulos 1 al 10, es sorprendente que leamos a partir del capítulo 11 que el pueblo se quejó contra Dios y su siervo Moisés. Tal vez la naturaleza del que no sabe apreciar lo que Dios ha hecho por él, le lleva al pecado de la murmuración. Verdaderamente, “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. Como tristemente lo dice el profeta: “Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones”, Jeremías 3: 22.

Podemos imaginar el fuerte impacto que tendría Moisés, tan sensible a la voz de Dios y tan sinceramente dispuesto a servir al pueblo israelita. ¿No sería espectacular si nuestras congregaciones y cada creyente en particular, al estilo de Moisés, hicieran lo que Dios ordena?

El pueblo estaba pasando por muchas dificultades, y por ello los israelitas comenzaron a murmurar: “Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento. Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió”, Números 11:1-2.

Moisés estaba muy contrariado con los reproches del pueblo, pero también con la enorme responsabilidad que Dios había puesto sobre sus hombros. Le preguntó al Señor: “… ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos”, Números 11: 11-13.

Observe como actuó Dios a la oración de Moisés: “… ¿Acaso se ha acortado la mano de Jehová? Ahora verás si se cumple mi palabra, o no”. “Y vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejó sobre el campamento…”. “Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogieron codornices; el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí a lo largo alrededor del campamento”. Números 11: 23, 31ª… 32.

Dios suplió las necesidades de su gente, lo suficiente para que los israelitas se abastecieran de alimento. Nótese que el pueblo pasó dos días y una noche recogiendo carne; sin embargo, ¿cuántos fueron en busca del pan del cielo? Pablo dice que si vivimos pensando en todo lo material que nuestros cuerpos desean, entonces quedaremos separados de la bondad de Dios. (Romanos 8: 6).

El Señor Jesucristo dijo: “… Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, Mateo 4:4. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, Mateo 6:33.

Muchos de nuestros deseos físicos y económicos son normales, necesarios y buenos, pero deben ser satisfechos en la forma correcta, en el momento oportuno y contando con la providencia de Dios.

Hoy en día, algunas veces tenemos la impresión de que lo esencial es lo material. Y es verdad que la ausencia de bienes materiales definitivamente resulta gravoso, produce angustia en el seno familiar; sin embargo, el cristiano genuino debe recordar a quién tiene en el cielo. No debe caer en la tentación del pueblo de Israel. La figura paternal de Dios es de vital importancia para la fe cristiana. Dice David: “Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo”, Salmos 103:13-14. Nosotros somos frágiles, pero el cuidado de Dios es eterno. Con frecuencia miramos a Dios como juez, olvidando su compasión y preocupación por nosotros. Dios recuerda nuestra condición humana. Nuestras debilidades y necesidades nunca deberían usarse como queja contra Dios. Su Paternidad espiritual toma todo en cuenta. Dios siempre lo tratará con compasión, confíe en Él. No borre ese recuerdo de su mente.

E.D.A.