La hora de la fe | #64

2020-06-07T05:42:32-04:00 6 de junio de 2020|E.D.A.|

No se necesita lo que solemos llamar un gran hombre, un alma grande para ser un héroe de la fe; lo que se necesita es un creyente fiel y útil a Dios. Se ha llamado con razón a los mártires espirituales “héroes de la fe” (Hebreos 11). El heroísmo de ellos tiene ciertamente más mérito que el heroísmo patriótico, académico, científico o deportivo, porque sacrifica un amor visible por Cristo y por Su iglesia.

En el cristianismo no se necesitan “ídolos” sino héroes. Entre un héroe de la fe y un ídolo humano existe una notable diferencia. El héroe de la fe es un triunfador espiritual (Salmo 1: 1-3), el ídolo humano una fantasía de grandeza y vanidad. El héroe de la fe suplica por la ayuda divina, el ídolo humano se cree que no necesita de la ayuda de nadie. En circunstancias difíciles, el héroe espiritual se sacrifica por salvar a otros; el ídolo-hombre reclama el sacrificio de otros, busca honores y ganancias personales en el éxito de sus propios méritos.

Dios nos ha dado héroes en las páginas de la Biblia desde el comienzo del mundo (Génesis 4: 4; Hebreos 11: 4), no ídolos humanos, para que meditemos e imitemos su integridad y rectitud. José en Egipto, es un símbolo de honradez y santidad; se convirtió en guardián y amigo de todos los prisioneros. Guiado en todo por el Espíritu de Dios mereció ser mencionado entre los héroes de la fe (Hebreos 11: 22). Moisés, después de su experiencia en Horeb, se gradúa de héroe ante el cruel Faraón. Josué, valioso líder y servidor del pueblo de Dios, íntegro y recto hasta su vejez.

Los héroes de la fe siempre tuvieron la marca de siervos de Dios. Para ellos era mejor optar por el sacrificio y el sufrimiento, que por la vanidad y el orgullo humano; preferían el vituperio antes que ser idolatrados a la semejanza de Nabucodonosor. Debemos lamentar que hoy, en los tiempos cuando la vida cristiana y la fe bíblica es más clara, sea tan pequeño el número de los creyentes íntegros, fieles, consagrados. En ocasiones parece que el gusto por la “idolatría”, por la exaltación humana, por el culto a la personalidad y a los dones y talentos, prevalece más que el heroísmo espiritual. (Véase 1 Corintios 3: 21-23; 4: 7). ¡Cuán fácil es sentirnos atraídos por un líder religioso, por un ídolo de la farándula y del deporte, así como por alguien que nos aplaude o ensalza! Pero la Biblia nos advierte que tengamos cuidado del orgullo que puede originar división en la iglesia o en la obra del Señor por tener “ídolos” favoritos.

Todo verdadero héroe de la fe o líder espiritual es un representante de Cristo y no tienen nada que ofrecer a parte de lo que Dios le ha dado. No permitamos que nuestro liderazgo, nombre, dones, cargos e imagen originen divisiones de criterio en la obra del Señor. “Así que, ninguno se gloríe en los hombres…porque vosotros soís de Cristo”, 1 Corintios 3: 21, 23. Aunque seamos considerados necios por el mundo, los creyentes estamos llamados a glorificar al Señor, con hechos y palabras, con ejemplos visibles e invisibles.

La idolatría no consiste únicamente en postrarse ante una imagen o un ídolo de barro, también en “adorar” a cualquier criatura o pasión que tome el lugar de Dios. En la Biblia se condena cualquier gesto o actividad que eclipse al Señor, que desaparezca total o parcial el señorío de Cristo sobre nuestras vidas. Dios solamente quiere héroes, no ídolos; las iglesias de Cristo no necesitan de ídolos sino de seguidores que no se derrumban espiritualmente por causa del idolatrismo religioso, político y social. La Biblia lo condena. Dios solamente necesita ¡Héroes!

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”. Hebreos 12:1-3.

E.D.A.