La hora de la fe | #71

2020-06-16T12:01:47-04:00 15 de junio de 2020|E.D.A.|

Es verdad que, en ocasiones, un día de sol puede transformarse en un día oscuro cuando irrumpe un fuerte temporal. Con nuestras vidas puede suceder lo mismo. En un momento, está todo bien pero de repente, surge la adversidad. Es difícil saber el porqué de cada sufrimiento, dificultad o tempestad de nuestra existencia. Pero uno de los motivos por los que Dios permite que pasemos por dificultades es para perfeccionarnos en la fe. (1 Pedro 1: 3-9).

¿Necesita usted aliento? Unas palabras del profeta Jeremías ofrecen gozo y esperanza en tiempos de problemas, y él basa su confianza en lo que Dios le reveló: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”, Jeremías 29:11.

A todos nos alienta una persona que nos motiva a seguir adelante, alguien que cree que podemos llevar a cabo una tarea a lo largo de la vida. Dios es la Persona que nos motiva a seguir con esperanza en nuestro diario vivir. Es la única Persona que conoce el futuro y sus planes para nosotros son buenos y están llenos de bendiciones; solo Él sabe cómo alentarnos en las dificultades.

Dios no olvidó a su pueblo, aun cuando estaba cautivo en Babilonia. Planeó darles un futuro de paz. Su pueblo enfrentó sufrimientos indescriptibles. Sin embargo, sabemos que “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”, Nahúm 1:7.

Y ahora, hoy, ¿cómo encarar situaciones difíciles? Lo imprevisible es extremadamente preocupante. Aun así, no podemos ser fatalistas, pero sí debemos correr hacia Dios y no escaparle. Sabemos que la vida no siempre es un mar tranquilo. A veces, las olas gigantescas pueden sacudir nuestro barco, tal vez, hasta podrían hundirlo. No obstante, es necesario que siempre tengamos presente las promesas de Dios, como las leídas anteriormente.

En consecuencia, a Dios le agrada hacernos felices. Cualquier predicción acerca de un pronto desastre, hecha por algún predicador pesimista o alarmista, debería ser desechada. Los cristianos deberíamos estar siempre listos para que, cuando suene la hora de Dios, estar sosegadamente tranquilos para esperar en sus promesas. El Salmo 46: 1-3, es aplicable a los creyentes de todas las épocas y circunstancias de la vida: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza”.

Si usted está sufriendo por algún temor o por haber prestado atención a algún profeta del desastre, recuerde que Dios quiere reorientar sus pasos y reconducirlo hacia “pensamientos de paz, y no de mal”. Sus pensamientos son de esperanza y de amor. Ya que no siempre podemos decir lo que pensamos, pensemos siempre en los pensamientos de Dios. Si nosotros pudiéramos leernos unos a otros el pensamiento, no saludaríamos a nadie, nos irritaríamos, sería una tragedia. Sin embargo, sabemos que los pensamientos de Dios no son como los nuestros, sino siempre para nuestro bien, para darnos un futuro lleno de bienestar. Alimentemos nuestros pensamientos con los buenos pensamientos de Dios. La fe en los pensamientos del Señor nos hace sentirnos felices. Por sus buenos pensamientos, es que tenemos confianza y esperanza en Él.

E.D.A.