La hora de la fe | #74

2020-06-19T03:00:15-04:00 18 de junio de 2020|E.D.A.|

Es posible que usted ya haya tenido alguna pérdida en su vida. Tal vez se encuentre enfrentando alguna pérdida física, económica o familia. Todos pasamos por eso y en esas horas es un alivio poder compartir, llorar y orar con el familiar o con un amigo fiel.

A pesar de que el dolor y la tristeza forman parte de nuestra vida, a nadie le gusta sufrir. Cuando estemos con nuestro Padre Celestial, nos veremos libre de todo sufrimiento, pero mientras estemos aquí, es muy sabio intentar extraer algún consuelo y aprendizaje de las pruebas. Sufrimientos, problemas, adversidades, aflicciones, tentaciones y pérdidas pueden transformarse en bendición si la sabemos manejar.

Muchos versículos de la Biblia revelan el corazón de Dios cuando enfrentamos situaciones difíciles con el propósito de traer alivio y descanso emocional, físico y espiritual. Uno de esos pasajes es el de 2 Corintios 1: 3 y 4, que dicen: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.

La palabra “consolación” o consolar literalmente significa “llamar a alguien al lado de uno”. Es la misma palabra y el mismo significado qué Jesús usó en Juan 14: 16 para el Espíritu Santo, “el Consolador”. ¡Qué gozo es saber que Dios está a nuestro lado para ayudarnos siempre que atravesamos problemas! En el libro del profeta Isaías leemos: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”, “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo”, 41:10, 13. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador…” 43:2-3a. Dios siempre establece una relación de Padre con nosotros. ¿Se ha dado cuenta de todas las maneras en que Dios nos ha y quiere ayudarnos? Nosotros somos importantes para Dios; aunque no lo seamos para otros, lo somos para Él.¡Hay consolación y gracia para toda situación!

Hay quienes piensan que cuando Dios nos consuela, nuestras aflicciones desaparecen por completo; si así fuera siempre, mucha gente buscaría a Dios sólo para ser liberada de las privaciones humanas y no buscaría mostrar su amor por la salvación y vida eterna. Debemos entender que “consolación” puede también significar fortaleza, ánimo y esperanza para hacer frente a las vicisitudes de la vida. Cuanto más nos acercamos a Dios, más somos consolados por Él.

Alguien dijo que “las matemáticas de la misericordia de Dios son maravillosas”. Así como las aflicciones abundan, ¡igualmente abunda su consuelo! Donde abunda la maldad, ¡abunda también la gracia (bondad) de Dios!

Pero esta consolación que recibimos de Dios, según el apóstol Pablo, no es simplemente para nuestro alivio personal; se nos da para que ayudemos a consolar a otros. Nuestras experiencias y padecimientos sirven para apoyar a los demás. Sólo cuando nuestro corazón haya “sangrado” es que podemos ser una verdadera bendición para otros sufrientes. Los que no han sufrido nunca nada saben del sufrimiento de otros; no conocen la felicidad ni la desgracia. Solamente los que pasamos por el fuego de las dificultades, sabemos y nos compadecemos del sufrimiento ajeno.

¡CONSOLADOS PARA CONSOLAR!

E.D.A.