La hora de la fe | #77


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Es malo extraer pasajes de la Biblia fuera de su contexto y tratarles como de aplicación universal o en cualquier generación. Esto no debe hacerse nunca. Debemos primero inquirir quién pronunció el texto, a quién fue dirigido, por qué se escribió determinado mensaje o promesa, antes de predicar, enseñar y orar.

Nuestra lectura de hoy versa sobre los milagros y las promesas que encontramos en la Biblia. Antes que usted pueda reclamar una promesa y orar por alguna necesidad, debe saber bajo qué categoría cae la petición al Padre Celestial. Para saber la respuesta, se debe leer el pasaje bíblico minuciosamente, examinar el contexto parcial o total de las Escrituras, emplear el discernimiento espiritual y orar. Si se trata de un milagro o de una promesa dada específicamente a una persona, líder, iglesia, nación o familiar, absténgase de reclamarla; si no lo hace así, de seguro se decepcionará. Pero si la promesa es para todos o de aplicación universal, reclámela en oración al Señor.

Vayamos por partes. Veamos, en primer lugar, algunos ejemplos relacionados a los milagros especiales:

  1. Las 10 plagas se dirigieron contra Faraón y contra todos los dioses de Egipto (Éxodo 7-12), corresponden a un hecho especial.
  2. Los milagros de Eliseo superan en número a los de los profetas y apóstoles: (a) Separa las aguas del Jordán (2 Reyes 2: 14), (b) purifica las aguas de Jericó (2 Reyes 2: 19-22), (c) hace llenar de aceite las vasijas vacías en la casa de una viuda (2 Reyes 4: 1-7), (d) resucita al hijo de la sunamita (2 Reyes 4: 18-37), (e) multiplica el pan para alimentar a cien hombres (2 Reyes 4: 42-44), (f) hace flotar un hacha perdida en las aguas del Jordán (2 Reyes 6: 1-7), (g) hiere con ceguera temporal al ejército de Siria (2 Reyes 6: 18-20), entre otros milagros especiales.
  3. El maná y las codornices que abastecieron de pan y carne a los israelitas. Así se narra en los pasajes de Éxodo 16: 4, 13 y Números 11:31, 32.
  4. La resurrección de una discípula llamada Tabita o Dorcas por medio de la oración del apóstol Pedro (Hechos 9: 36-41).

Pasemos ahora a promesas especiales, no repetibles.

  1. Durante la fiesta de Pentecostés narrada en el Nuevo Testamento, sucede el derramamiento del Espíritu Santo. Descendió sobre los discípulos acompañado de un viento recio y la aparición de lenguas como de fuego (Hechos 2: 1-13). Fue el cumplimiento de una promesa hecha en el Antiguo Testamento (Joel 2: 28, 29). ¡No hay otro Pentecostés!
  2. Un poder especial le fue dado por el Señor a sus discípulos: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”, Marcos 16:17-18. Pablo tuvo serpientes en sus manos ( Hechos 28: 5) y los discípulos sanaron enfermos, cojos y resucitaron muertos. Sin embargo, esto no significa que podemos probar a Dios poniéndonos a propósito en situaciones peligrosas.

En la Biblia existen infinidad de milagros y sobre todo de promesas de Dios para sus hijos; no afirmar esto, es una ofensa contra Él. Es un pecado contra el Espíritu Santo. Todas sus promesas particulares y universales nos dan ánimo, valor, paciencia, paz, esperanza, etc.

He aquí promesas para todos los tiempos y todas las generaciones:

Salmos 32: 6, “Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él”.

Salmos 34:7, “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende”.

Salmos 37:25, “Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan”.

Salmos 46:1, “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.

Salmos 55: 22, “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo”.

Isaías 41: 10, “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Jeremías 33: 3, “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.

Mateo 28: 20b, “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”.

1 Juan 5: 14, 15, “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.

Las promesas y los milagros ocupan un lugar central en la vida del pueblo de Dios, pues proclaman que en Jesucristo se cumplen todo lo que las Escrituras nos enseña (Romanos 4: 16; 2 Corintios 1: 20). Todas las promesas de Dios, una vez pronunciadas, son verdaderas; Dios mantiene su palabra. Por lo tanto, si usted es cristiano, póngase en sintonía con Mateo 7: 7-11.

E.D.A.

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