La hora de la fe | #79

2020-06-24T23:25:20-04:00 24 de junio de 2020|E.D.A.|

Tenemos claro que el texto que vamos a compartir involucra una advertencia o amonestación del apóstol Pablo contra ciertas discusiones inútiles en las iglesias, creyentes, líderes del primer siglo. El apóstol se sentía disgustado y preocupado por ciertos personajes religiosos que pasaban el tiempo discutiendo problemas imaginarios y construyendo cuestiones espirituales que para nada servían.

Esto es lo que Pablo le dice a Tito, su hijo espiritual, compañero y colaborador: “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho”, Tito 3:9.

Esta advertencia es de aplicación para el cristiano de hoy. Se debe prestar mucha atención a los engaños, pues siempre hay trampas y sutilezas teológicas que para nada edifican. Las redes sociales están saturadas de disputas necias, degradación del Evangelio, engaños encubiertos, exaltación de hombres y mujeres que para engañar recurren a toda clase de trampas (Efesios 4: 14), y costumbres mundanas. Pero todo lo que no se ajuste a los 66 libros de la Biblia, debe evitarse o desecharse. Sutilezas teológicas o filosóficas que no sean claras en la Biblia, son “cuestiones necias”.

Apartarse de la Palabra para ir a asuntos que Ella calla sobre misterios que pertenecen sólo a Dios (Deuteronomio 29: 29), detalles oscuros sin valor, especulaciones sobre profecías y revelaciones es inútil y contraproducente y por lo tanto se deben evitar. Hay ciertas cosas que Dios decidió no revelarnos (1 Corintios 13: 12). Esta verdad debería fortalecer nuestra fe y disipar toda clase de dudas y especulaciones. No tenemos todas las respuestas ahora ni tenemos todas las revelaciones en este mundo; un día veremos todo desde la perspectiva de Dios; hoy esto no es posible, no nos conviene y no es necesario. Los cristianos tenemos la responsabilidad de obedecer lo que conocemos; no cometamos el pecado de Eva al querer ser igual a Dios (Génesis 3: 4, 5).

“Pero evita las cuestiones necias” es algo a lo que debemos prestar suma atención. La enseñanza de la Biblia es la proclamación de la verdad, no la argumentación sobre cosas necias. ¡Qué tragedia malgastar el tiempo en cosas vanas y necias, mientras el mundo está pereciendo espiritualmente! Conviene centrarse en la verdad, en lo que sabemos y conocemos acerca de la vida cristiana y la eternidad.

He aquí algunas de las cuestiones por las que debemos interesarnos: ¿Creo en el Señor Jesucristo? ¿Ha sido renovado mi espíritu por el poder del Evangelio? ¿Estoy creciendo en la gracia de Dios? ¿Ando según el Espíritu? ¿Adorna mi vida el fruto del Espíritu? ¿Estoy esperando la venida del Señor? ¿Qué más puedo hacer por Jesús? “Pero evita las cuestiones necias”.

Las cavilaciones, especulaciones y las disputas sobre asuntos espirituales de poca importancia para nada aprovechan. Si observamos el precepto del apóstol en el versículo anterior (Tito 3: 8), nos hallaremos muy ocupados en las labores cristianas sumamente provechosas: “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres”. El cristiano debe interesarse en estas cosas, no las del versículo 9, porque para nada son provechosas ni útiles. Debido a que el Señor examinará la clase de cristianos que hayamos sido, es que Pablo le dice a Timoteo: “Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad”, 2 Timoteo 2:14-16.

Cristiano, ¡no permita que ninguna cuestión necia lo aleje de su fidelidad, trabajo y servicio al Señor y a su iglesia! Nuestras vidas tienen que descansar sobre cosas bien claras y seguras, porque no son las suposiciones lo que le dan certidumbre a nuestra fe, sino la Palabra de Dios.

E.D.A.