La hora de la fe | #87

2020-07-08T07:22:46-04:00 3 de julio de 2020|E.D.A.|

Usted tiene a mano la mejor receta para esa ansiedad que le aturde y le crea tanta inquietud en estos momentos. ¿Será posible mantener el alma serena y calmada durante el transcurso de este día y de todos los días que están por delante? Sí, la lectura selectiva diaria de la Biblia es el más eficaz remedio para esa ansiedad que agobia a muchos.

Tomé nota de estos versículos: “Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado”, Salmos 119:50.

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”, Isaías 26:3.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”, Filipenses 4:19.

“echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”, 1 Pedro 5:7.

¿Será posible mantener la calma, la tranquilidad, el sosiego en estos momentos tan difíciles? No podemos pensar en el alma siempre llena de serenidad; como un mar sin una sola tempestad; como un lago sin una sola de sus ondas agitadas, o como un cielo sin una sola nube oscura. Si bien hay seres excepcionales que han disfrutado de una larga experiencia de “felicidad”, no todos tenemos esa gran dicha. El momento que vivimos es febril. Hay apresuramiento. Hay preocupación. ¿Qué no hay en estos momentos? ¡Pero también hay remedio para el alma afligida y un corazón dolorido! Por consiguiente se tiene que buscar “medicina” que levante el ánimo y produzca el sosiego necesario para tanta ansiedad. ¿Qué se puede hacer? Perseverar en la Palabra, en la comunión con Dios por medio de la oración y mantener la fraternidad cristiana por cualquier medio de comunicación.

Una creyente, que pasaba por periodos de profunda ansiedad, se decidió ir donde un psiquiatra. Después de escucharla y dejar que sacara de su corazón todo cuanto guardaba, le dijo: “Señora, usted tan sólo necesita una cosa y es leer su Biblia con más frecuencia”. Para la mujer aquello era una simpleza, pero el psiquiatra insistió: “Vaya a su casa, lea por espacio de una hora cada día su Biblia y luego ore”. Como ella mostraba su inconformidad, el médico se levantó y le dijo: “Señora, si yo dejará de leer la Biblia diariamente, perdería la fuente principal de mi fortaleza y paciencia”.

¡Cuántos hay que van buscando remedio para su mal, como aquella mujer del quebranto de salud por doce años (Lucas 8: 43, 44), hasta que tocó el borde del manto de Jesús y sanó! Él también quiere y puede curarnos de nuestra ansiedad. De sus labios salió esta invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”, Mateo 11:28.

El alma está siempre controlada en aquellos que saben acudir al Señor, por medio de Su Palabra y la oración. En Su Palabra, la Biblia, está la paz que estamos necesitando. De lo contrario, caminamos aturdidos. Los días se nos hacen interminables. Nos asalta el temor. Nos sentimos en un valle de sombras oscuras. Las sola súplica y muestra de confianza y esperanza en el Señor, firme y perseverante, apoyados en sus promesas, mantendrá nuestra alma en perfecta paz. ¡Amén!

E.D.A.