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El desempleo y la fe

2020-08-15T22:18:28-04:00 2020, julio 11|ARTÍCULO|

Estar desempleado es muy desagradable, para quien se enorgullece de proveer para su familia, y también, para el joven que busca su independencia.

Puede ser un periodo aterrador y estresante. Sin embargo, es la oportunidad perfecta para trabajar sobre la fe y confianza personal en Dios y así, tener la convicción que encontrará un trabajo en el momento adecuado.

Dedicar el esfuerzo necesario, tanto en el tiempo de intimidad con el Señor como para la búsqueda dirigida de trabajo – preparar el currículo, buscar ofertas de empleo, hacer un balance de las habilidades personales–, tener fe en Dios y en lo que él hará por ti ayudará a lograrlo. “Nuestra alma espera al SEÑOR; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo”. (Salmo 33:20-énfasis añadido).

Las víctimas, consecuencia de la pandemia, crisis económica y social, entre otras circunstancias, posiblemente algunas de ellas fueron despedidas de sus trabajos debido a la catástrofe económica en la que se encuentra este mundo globalizado. Si usted está desempleado, no necesita que se le diga cuan terrible es esa situación. El estrés económico y la tensión con la que se vive, psicológica y emocionalmente, agravan el momento.

Estar sin trabajo, hace que la persona se pueda sentir vulnerable, fracasada, con rabia, preocupación o desespero. El desempleo deja una sensación de vacío, puede hasta crear una atmósfera de autodefensa o irritabilidad.

¿Cómo se puede ayudar a la persona desempleada y crear un ambiente armónico en el hogar?

1.- Enfóquese en las cosas positivas. Si está casado recuerde que no se casó por el empleo de su esposo(a).

2.- Busque nuevas oportunidades, dentro de lo razonable. Debe pensar que en este tiempo de cambios es necesario salir de la zona de confort. Atrévase a hacer algo diferente.

3.- Aproveche el tiempo. Realice en la casa cosas que normalmente no tenía tiempo de realizar.

4.- Evite el aislamiento. Estar desempleado puede causar vergüenza y a veces nos aislamos, ¡no lo haga!

5.- Comuníquese. Busque amigos o con quien se sienta cómodo(a), para hablar o sencillamente escuchar.

6.- Confíe en Dios. La salvación de Dios llega en un abrir y cerrar de ojos. Vea este pasaje y observe los versos 26 al 28:

Los de Zif se despidieron de Saúl y volvieron a su tierra. Mientras tanto, David y sus hombres se encontraban en el desierto de Maón, en el Arabá, al sur del desierto. Cuando le avisaron a David que Saúl y sus hombres venían en su búsqueda, bajó al peñasco del desierto de Maón. Al enterarse de esto, Saúl dirigió la persecución hacia ese lugar. Saúl avanzaba por un costado del monte, mientras que David y sus hombres iban por el otro, apresurándose para escapar. Pero Saúl y sus hombres lo tenían rodeado. Ya estaban a punto de atraparlo, cuando un mensajero llegó y le dijo a Saúl: “¡Apresúrese, Su Majestad, que los filisteos están saqueando el país!”. Saúl dejó entonces de perseguir a David y volvió para enfrentarse con los filisteos. Por eso aquel sitio se llama Sela Hamajlecot. (1 Samuel 23.24-28-NVI)

Es increíble cómo en un minuto puede cambiar la vida. Recuerde que todo lo que ocurre tiene una razón divina. ¡Dios tiene el control!

7.- Adáptese. Es posible que deba hacer cambios en su vida. Baje sus expectativas y adáptese a un estilo de vida más simple.

8.- Varíe. Haga cosas diferentes a la búsqueda de trabajo. Buscar trabajo requiere mucha paciencia.

9.- No culpe. Culpar solo logra destruir la buena voluntad.

10.- Acepte la ayuda de otros. Todas las personas necesitan ayuda de otros y eso no es una vergüenza. Acepte la ayuda que hay disponible en vez de sufrir más de lo necesario.

Sin duda alguna no tener trabajo es muy desagradable. Mantener una actitud positiva y de agradecimiento ayudará a ver la vida desde otra perspectiva. ¡Vendrán tiempos mejores con un hermoso arco-iris!

Tenga la seguridad que nuestro Dios provee abundante manutención para todos los que la necesitan. El ruego es que todos los que buscan trabajo puedan encontrar tareas que le brinden orgullo y gratitud.

Que las misericordias del SEÑOR jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! El SEÑOR es mi porción –dice mi alma– por eso en El espero. Bueno es el SEÑOR para los que en El esperan, para el alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del SEÑOR. (Lamentaciones 3:22-26- La Biblia de las Américas, énfasis añadido).

Iris Rodríguez de Vieira

ANUNCIOS

Estimados hermanos:

El sermón de hoy será publicado el día miércoles 20 de octubre. Y la publicación de las clases de la Escuela Bíblica Dominical se mantiene en el horario de 9:30.

3 Juan 1:2

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.”