La hora de la fe | #93

2020-07-15T02:51:30-04:00 10 de julio de 2020|E.D.A.|

Por mucho que haya leído la Biblia en el pasado, usted pasará momentos sumamente emocionantes si vuelve a leer 1 Corintios 13: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…”.

Este himno del amor que escribe el apóstol Pablo, tiene su realización perfecta si en lugar de la palabra “amor” ponemos el nombre de Jesús. Hágalo, y verá cómo queda. Son muchos los que tienen dones, talentos, conocimientos teológicos, pero carecen del amor de 1 Corintios 13. Pablo dice claramente que los dones más llamativos son como nada, a menos que los acompañen las cualidades y los efectos del amor altruista. ¿Se anima a medir su vida por lo que indican los versículos 4 al 7? No hay duda de que el amor-ágape es el mayor de los regalos que nos hace el Señor.

Vamos al grano. Es lamentable cuando una persona toma este capítulo y lo divorcia de su verdadero significado. El hombre inconverso no puede experimentar ni comprender esta clase de amor más de lo que puede hacerlo una estatua de mármol. Para que una persona pueda mostrar dicho amor en su vida diaria, se requiere que el Espíritu de Dios habite en él y que le llene del poder que sólo Él puede dar.

La palabra “amor” en este capítulo 13 de 1 Corintios significa amor en acción. No es simplemente una emoción; es el corazón bueno tratando de alcanzar a otros no tan buenos. La versión bíblica de 1909 traduce “caridad” por amor, pero caridad hoy nos hace pensar en regalar ropa usada, calzado viejo, medicina sobrante, etc. No podemos menospreciar esos regalos como una muestra de amor al prójimo; pero el apóstol Pablo exige mucho más. La palabra que usa es ágape, que es el amor que se sacrifica por el bien de otros, aunque no lo merezcan. Se trata de un “…sacrificio vivo santo y agradable a Dios…”, Romanos 12: 1. El amor tiene o debe ser del gusto de Dios, libre, espontáneo, que nace del corazón nuevo, regenerado por la sangre de Cristo.

La profecía o predicación sin amor es poca cosa; el don de lenguas sin amor se convierte en puro ruido, la fe sin obras de amor está muerta; la iglesia sin su primer amor, se convierte en religión y tradición. Podemos ir al extremo de sacrificar nuestro propio cuerpo, pero sin el amor de 1 Corintios 13, no servirá de nada. El amor-ágape es la medida de todo.

Es evidente que los corintios nada sabían del amor-ágape. Espiritualizaban sus dones y oficios con una actitud de competencia y no de amor. Por eso la iglesia estaba dividida, desnaturalizada; lo mundano y lo carnal había desvirtuado el verdadero ministerio de la iglesia y los habían convertido en jactanciosos.

Cristo le preguntó a Pedro “¿Me amas?” (Juan 21: 17). La misma pregunta se nos hace a nosotros. ¡Cómo le agrada al Señor que “todo lo que hagan, sea de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios padre por medio de él”!, Colosenses 3: 17. Si un creyente realmente ama al Señor, tiene que vivir las implicaciones de 1 Corintios 13. Hay una diferencia entre la condición de creyentes y discípulos de Cristo. Todo seguidor de Jesucristo, (a) práctica el amor paciente y benigno, v.4; (b) evita los celos, v.4; (c) no es jactancioso ni orgulloso, v.4; (d) no es grosero ni egoísta, v.5; (e) no se irrita ni alberga pensamientos malos, v.5; (f) sólo el amor vive para siempre en él, v.8a.

En el amor-ágape siempre hay espacio para resolver los problemas: enfrentar las dificultades, resolver los problemas conyugales, conversar y aclarar los malentendidos, reflexionar con serenidad y analizar nuestra relación y compromiso con Dios y con el prójimo.

E.D.A.