La hora de la fe | #100

2020-07-21T06:37:19-04:00 18 de julio de 2020|E.D.A.|

La Biblia habla de Abraham como el amigo de Dios (Santiago 2: 23) y nos parece que este título es el más significativo que se ha concedido a mortal alguno. A nuestro alcance está recibir tal título, puesto que la noche anterior a su crucifixión el Señor Jesús dijo a sus discípulos: “Vosotros sois mis amigos…”, Juan 15: 14.

La amistad es una de las inversiones más importantes de la vida. El sabio Salomón nos dice: “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano”, Proverbios 18:24.

La amistad es, sin duda alguna, como un árbol de cobijo o de buen fruto. Es en la amistad donde encontramos las manos del Señor ministrando, alentando, dando y apoyando a través de relaciones positivas con otros. Pero no cabe duda que la mejor manera para poseer un buen amigo es también siendo un buen amigo. Los amigos se nutren mutuamente. Ninguna cualidad nos proporciona más amigos que una sincera confianza y admiración por las buenas cualidades de los otros. Un amigo siempre actuará como consejero, antes de hacerlo como juez.

Al leer el texto de Proverbios 18: 24 y pensar en lo que es la verdadera amistad, creemos que todo se resume en tres cosas:

Primera: Los amigos no son opcionales, son esenciales. No hay cosas en esta vida que sustituya a un amigo, que es alguien que se preocupa, que escucha, que siente, que conforta, que orienta y que, ¿por qué no?, de vez en cuando amonesta, no sólo que exhorte sino que reprenda. Los buenos amigos son los que tratan de hacernos mejores.

Segunda: Los amigos no son automáticos, deben ser cultivados. Uno debe ocuparse de sus amigos siempre. Al igual que los árboles, los amigos necesitan ser cultivados.

Tercera: Los amigos no son personas neutrales, ellos impactan en nuestras vidas. Si nuestros amigos tienen una conducta digna, nos estimulan a ser mejores personas. Por tal motivo, es necesario pedir al Señor que nos oriente a escoger amigos sabios, aunque sea un “don nadie” para todo el mundo. Los chismosos buscan a los chismosos y las malas juntas se juntan con los malos. ¿Quiere ser sabio, prudente, sincero? Escoja, entonces, amigos de verdad.

Todos estos niveles de amistad son importantes, pero el más importante es, por supuesto, el Señor. Todos necesitamos del Amigo Jesús y Jesús necesita verdaderos amigos, ¡amigos íntegros! La soledad y los malos consejeros están en todas partes. Mucha gente hoy en día se siente aislada y confundida por las multitudes engañosas, por personas que corrompen la mente y el espíritu, chismosos y malos consejeros por todas partes. Es mejor tener un amigo (a) que decenas de amistades superficiales. No obstante, ¡no hay amigo cómo Cristo! Y la única manera de poseer Su amistad es haciendo lo que Él nos manda. La tercera estrofa del himno ¡OH QUE AMIGO NOS ES CRISTO!, dice:

Jesucristo es nuestro amigo,
De esto prueba nos mostró,
Pues sufrió el cruel castigo
Que el culpable mereció.
El castigo de su pueblo
En su muerte él sufrió;
Cristo es un amigo eterno;
¡Sólo en él confío yo!

Pida al Señor que le revele un buen amigo. Un amigo (a) en las buenas y en las malas, y usted procure ser uno de ellos. Existen personas necesitadas de su buena amistad. Usted jamás lamentará ser un buen amigo y tener buenos amigos. Si no, pregunte a Dios y a Abraham; a David y a Jonathan; a Jesús y a Pedro.

Pero… ¡No hay amigo como Cristo! (Juan 15: 14).

E.D.A.