La hora de la fe | #105

2020-07-28T09:56:22-04:00 24 de julio de 2020|E.D.A.|

Uno de los temas favoritos en las Epístolas del apóstol Pedro es el sufrimiento injusto y su consejo es el de acogernos al poder de la esperanza en el Señor. Cuando la vida cristiana se presente dura, dolorosa y los sueños se esfuman, su consejo es el de acogerse al poder de la esperanza en el Señor. Sus enseñanzas nos animan a no desesperarnos y conservar la calma.

Esto escribe en su primera carta: “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal”, 1 Pedro 3:12. Con estas palabras, el apóstol nos recuerda que Dios está vigilando nuestras vidas, ve los problemas y oye nuestros clamores. Y algo muy importante, Él sabe cómo enfrentarse a quienes nos persiguen por su causa.

Ahora bien, como cristianos sabemos que el bien triunfa sobre el mal en cualquier aspecto de la vida natural y espiritual, y que nuestro Dios siempre es justo, bondadoso y diferente a todo cuanto existe en esta vida. A Dios no se le escapa nada (Salmo 139). Él se ocupa de su pueblo. Escucha nuestras oraciones de fe y está completamente consciente de los males que nos aquejan. Jamás piense que no se da cuenta de la aflicción que nos aquejan. Él ve y recuerda, es paciente y justo. Sus ojos no sólo están sobre los justos sino que su rostro está contra el mal. Al fin, ¡Dios gana!, obrará todo para el bien de los suyos y para gloria suya (Romanos 8: 28).

Entonces el apóstol Pedro nos recuerda que “los justos” deben alegrarse, considerarse bendecidos, favorecidos en todas las cuestiones de la vida, y por cuanto Él gobierna nuestros pensamientos y emociones, no seremos conmovidos por nada que no suceda en esta tierra. “Hermanos míos, tener por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”, nos dijo el hermano de Jesús, Santiago.

Usted podrá decir, “en verdad me parece bien, pero hablando con sinceridad, ¿cómo puedo estar feliz y considerarme bendecido por Dios cuando estoy en dificultades?” Bueno, declaramos en forma sencilla que el sufrimiento injusto siempre es mejor que el castigo merecido. Y muchas veces, aunque no podemos explicar completamente el por qué, es la voluntad de Dios que Su pueblo pase por el crisol para hacernos mejores cristianos. Esto es lo que dice el mismo apóstol: “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”, 1 Pedro 1:7 (versión traducción en lenguaje actual). ¡Esta es la forma de vivir la vida cristiana! Todos los creyentes debemos aceptar las pruebas como parte del proceso de refinamiento que consume las impurezas y calienta nuestra fe para hacernos útiles para el Señor.

Si en algún momento Dios permite que lleguemos a ser un Job, un Habacuc o un Pedro, recuerde que Él está lleno de compasión, también está lleno de control. Él no nos dejará solos ni sin esperanza; más bien nos asegura esta promesa: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”, Isaías 55:8-9. Cuando los caminos del cristiano agradan a Dios, nuestra fidelidad nos hará sentir muy felices. ¡Mantenga su confianza en el Señor!

E.D.A.