La hora de la fe | #118

2020-08-09T07:09:56-04:00 8 de agosto de 2020|E.D.A.|

En la vida cristiana hay algo más que conversión y fe, hay crecimiento. No es suficiente el nuevo nacimiento y pertenecer a la familia de Dios; también debemos crecer espiritualmente. Esto demanda tomar en cuenta la lista de las características presentadas por el apóstol Pedro: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados”, 2 Pedro 1:5-9.

La vida cristiana tiene que ser más que fe o creencias, debe traducirse en acciones, en el desarrollo del carácter cristiano y en la práctica de la disciplina moral y espiritual. Dicho en una sola palabra: CRECIMIENTO. Veamos la lista presentada por el apóstol Pedro; no son opcionales, deben ser parte constante de la vida cristiana:

Debemos añadir a la fe, VIRTUD. Llega a significar esa cualidad de vida que hace sobresalir o resaltar a una persona como alguien excelente en medio de la gente; se distingue por sus características morales.

A la virtud, CONOCIMIENTO. Esto se refiere al entendimiento y la sabiduría que viene como resultado de comprender y aplicar bien la verdad. Los cristianos deben ser capaces de discernir el bien del mal, lo santo de lo impío, lo justo o lo correcto de lo falso o la mentira.

Al conocimiento, DOMINIO PROPIO o temperancia. Significa “contenerse” (Gálatas 5: 16). En nuestra vida enfrentamos la rutina diaria, las tareas desagradables, las circunstancias frustrantes, el dolor fuerte, los planes hechos añicos. Sin embargo, todo lo adverso debemos afrontarlo con firmeza en el Señor. Uno debe ser dueño de sí mismo.

Al dominio propio, PACIENCIA. Es decir, capacidad de resistir. Poder de perseverar en los tiempos de prueba. Dice el comentarista William Macdonald: “No es únicamente comenzar la vida cristiana con un resplandor de gloria; hemos de perseverar a pesar de las dificultades. La idea de que el cristianismo sea una secuencia de experiencias en la cumbre de la “transfiguración” es falsa. La paciencia es el arte de soportar y persistir frente a todo lo que parece ir en contra de nosotros”.

A la paciencia, PIEDAD. Nuestras vidas deberían reflejar al Señor, con todo lo que esto significa en el camino de la santidad práctica. El apóstol Pablo nos recuerda: “porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”, 1 Timoteo 4:8. Lo lamentable de la hora presente es haber perdido el sentido de comunión con Dios (Génesis 5: 21-24).

A La piedad, AFECTO FRATERNAL. Un hermano en la fe debería ser un amigo que nos da el Señor. Debería ser como un yugo suave del amor de Cristo. La fraternidad nos identifica ante el mundo como discípulos de Cristo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”, Juan 13:35.

Y al afecto fraternal, AMOR. Eso no es primordialmente cosa de las emociones o gustos, sino de la voluntad. En el sentido del NT, el amor es algo sobrenatural (1 Corintios 13). Podemos mostrar nuestro amor dando nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestros tesoros y todo nuestro ser por los demás.

Estas siete características constituyen un carácter cristocentrico. Por lo general, se puede reconocer cuando los cristianos no crecen espiritualmente, porque carecen de estos atributos. Detrás de esta falta de desarrollo y madurez hay un empobrecimiento espiritual, un olvido de lo que Dios ha hecho por ellos mediante Cristo.

Sin embargo, el cristiano no se pierde ni se condena por su indisciplina espiritual, pero es responsable ante Dios por lo que dejó de hacer (Eclesiastés 12: 13; 2 Corintios 5: 10). Nuestra fe debe ir más allá del nombre, de la denominación evangélica para convertirnos en creyentes practicantes, fructíferos y cultivar las cualidades mencionadas en 2 Pedro 1: 3-11. Lea y medite con oración en esa porción bíblica y ¡practíquela! Le hará muy feliz.

E.D.A.