La hora de la fe | #114

2020-08-09T05:59:15-04:00 4 de agosto de 2020|E.D.A.|

¿Ha puesto usted a prueba alguna vez la promesa de Jeremías 33:3? Dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. Estas son unas palabras para el “prisionero” espiritual; los que están en situaciones apremiantes pueden apropiarse del aliento de la oración. El texto-promesa es para cualquier afligido hijo de Dios, y se presta para un bosquejo de aliento sobre la oración de manera triple:

I. PERSEVERANCIA EN LA ORACIÓN: “Clama a mí” 

1. Ore, aunque haya orado ya. No deje de orar aunque esté en angustia después de haber orado (Salmo 40: 1-3).
2. Ore, pues la Palabra de Dios en Mateo 7: 7-11 nos muestra el corazón del Padre amoroso. Quienes se rinden después de algunos esfuerzos sinceros, seguramente Dios no se hará sentir como lo esperaban.

II. ESPERANZA EN LA ORACIÓN: “Y yo te responderé”

El Señor responde porque:

1. Él ha establecido la oración y ha hecho arreglos para recibirla (Juan 14: 13, 14; 15: 7, 16; 16: 23; Santiago 1: 5). Él jamás nos ha engañado, ni lo hace, ni lo hará, porque su naturaleza no se lo permite; nunca nos trataría como a extraños.
2. El Espíritu impulsa, alienta y aviva la oración (Juan 16: 13; Romanos 8: 14-17). Nunca se burlará de nosotros promoviendo deseos que Dios no puede cumplir.

III. CONFIANZA EN LA ORACIÓN: “Y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”

Lea el capítulo anterior (32) desde el versículo 18 y verá las “cosas grandes” que puede esperar.

1. Cosas grandes en consejos a través de la Biblia, llenas de sabiduría y significado moral, emocional, material y espiritual.
2. Cosas divinas: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman”, 1 Corintios 2:9. No podemos imaginar todo lo que Dios tiene reservado para los cristianos en esta vida y en la eternidad.

El que “clama a mí” encontrará más de lo que espera. Como el apóstol Juan, que al llorar obtuvo que el libro fuese abierto (Apocalipsis 5: 4-9); y como Daniel, que por la oración obtuvo la revelación del secreto del sueño del rey (Daniel capítulo 4 y 5).

Cierto día, al pedir Sir. Walter Raleigh un favor de la reina Elizabeth, ésta le dijo: “Raleigh, ¿cuándo dejará usted de pedir?” A lo que éste respondió, sin perturbarse: “Cuando vuestra majestad deje de dar”. Pedid grandes cosas de Dios y esperad abundantes bendiciones de Dios (Santiago 1: 6). Ni la oración estorba el trabajo, ni el trabajo estorba la oración. Hay más cosas realizadas por medio de la oración que lo que nadie puede soñar. Si Cristo mismo necesitó de la oración, los creyentes no debemos dejar de reconocer y utilizar esta herramienta cristiana. Tenemos que tomar en serio la oración si queremos que Dios nos tome en serio.

En el libro, “El peregrino”, de John Bunyan encontramos este pensamiento: “La oración es un escudo para el alma, un sacrificio santo para Dios y una plaga para Satanás”.

E.D.A.