La hora de la fe | #113

2020-08-09T05:46:54-04:00 3 de agosto de 2020|E.D.A.|

Es lógico que se halle llamado “El quinto Evangelio” o “El Evangelio del Espíritu” al libro de los Hechos, pues describe la continuación del ministerio del Señor Jesús después de su ascensión. Detrás del ministerio de los apóstoles se habla continuamente de la invisible presencia de Cristo. Leemos en varios pasajes que los apóstoles, discípulos e iglesia pasaban mucho tiempo en oración. ¿Le sucede también eso a usted?

El libro de los Hechos nos demuestra que no había, en el primer grupo de discípulos, absolutamente ninguna discriminación entre hombres y mujeres cristianos ante los privilegios y responsabilidades de llevar adelante la misión de Jesús. La discriminación, contra la que seguimos luchando en nuestros días, vino después y no tuvo nada que ver con el Evangelio enseñado por el Señor Jesús.

Ahora bien, en este corto espacio nos ocupamos de lo expuesto por Lucas en el capítulo 1: 12-14: “Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”. Cuando nosotros enfrentamos una tarea difícil, una decisión importante, un dilema complejo, nuestro primer paso debe ser orar por el poder y la dirección de las Escrituras y del Espíritu Santo. No nos apresuremos en el trabajo ni esperemos que salga como lo deseamos; nuestro primer paso debe ser orar a fin de que el Señor nos guíe.

Los creyentes, los hermanos de Jesús, María la madre de Jesús, los apóstoles y los discípulos, hombres y mujeres, están juntos orando. Esto no significa sentarse sin hacer nada. Debemos hacer lo que podamos y mientras podamos, teniendo cuidado de no adelantarnos a Dios ni dejando de hacer lo que Dios quiere que hagamos.

Al reunirse, lo hicieron “unánimes”. Esta expresión es una de las claves del secreto de la bendición de una iglesia local y también del pueblo de Dios. Cuando los hermanos moran juntos en fe, en amor, en oración, en esperanza, Dios envía Su bendición (Salmo 133; Hebreos 10: 23-25). Ahora, como entonces, Dios obra cuando los creyentes perseveran en la vida cristiana. Poder adorar a Dios en un mismo sentir, sin un sistema o tradición complicado, pero con orden y decentemente (1 Corintios 15: 40), nuestra fe se fortalece ante las dificultades. Disfrutamos del estímulo de los demás (Hebreos 10: 24). A medida que surgen los problemas de cualquier naturaleza, debemos hacer un mayor esfuerzo, UN MAYOR ESFUERZO, por ser fieles a la Palabra.

En todo esto tenemos un ejemplo, más bien un testimonio, de lo que debemos ser y hacer como miembros de una iglesia local y creyentes en particular. Por favor, vuelva a leer Hechos 1: 12-14, y tómelo como su orden o marcha de vida. Experimentará un gran poder positivo, una gran realidad espiritual, una gran vida de utilidad y bendición para todos. Aunque el ministerio de los “ciento veinte” reunidos en el aposento alto (Hechos 1: 15) llegó a su fin, el mensaje cristocentrico de las iglesias y el avance del cristianismo continúa incontenible hasta la venida del Señor. ¡Usted forma parte de ese movimiento, acaba de empezar para todo el que cree en el Señor Jesucristo como su Señor y Salvador! Si usted se declara celoso en relación con los asuntos de Dios, permita que el Espíritu Santo de las Escrituras desarrolle en su corazón sensibilidad espiritual, ante la situación que vivimos en el día de hoy.

FIRMES Y ADELANTE, HUESTES DE LA FE,
SIN TEMOR ALGUNO, QUE JESÚS NOS VE.
JEFE SOBERANO, CRISTO AL FRENTE VA,
Y LA REGIA ENSEÑA TREMOLANDO ESTÁ.

E.D.A.