La hora de la fe | #122

2020-08-15T04:20:05-04:00 13 de agosto de 2020|E.D.A.|

En esta ocasión tratamos un tópico escabroso: el enojo o la ira. Algunos enojos relatados en la Biblia son aprobados por Dios, motivado al celo de hombres que fueron intolerantes con el pecado, como Moisés, Josué, Elías, David, Jeremías, Amós, Juan el Bautista, Pablo, Pedro entre otros.

Hay dos textos bíblicos que nos resultan útiles para tratar tan importante tema: “Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte”, Jonás 4:9. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”, Efesios 4:26. Hay irás o enojos que no son pecaminosos. Son “iras santas” que expresan correctamente la voluntad de Dios contra la maldad humana. Sin embargo, hay un tipo de ira-enojo que debe evitarse.

Jonás se enojó porque una planta que le servía de sombrilla se secó y ya no le servía cuando el calor era tan abrasador que casi se desmayaba; pero no se enojaría por lo que le sucediera a la gente de Nínive. Parece decir: “si la ciudad de Nínive va a ser destruida, pues que sea destruida. Prefiero desobedecer a Dios antes que ver a mis enemigos salvos del juicio”. Jonás se autocompadecía e incluso sintió lástima por la planta que le cobijaba y luego murió, pero no tenía ningún amor ni compasión por las multitudes. Lo que tenía era una locura de ira incontrolable. No olvidemos que el amor es nuestra arma preferida, no la espada de Pedro.

Ahora bien, la ira o el enojo, nunca aparece sin causa. ¿Pero qué tipo de causa? ¿Enojo por cualquier cuestión o acción que puede evitarse o subsanarse rápidamente? ¿Irá que engendra venganza? ¡No! ¡Nada parecido a eso!

Hacemos bien, pero muy bien cuando nos enojamos con el pecado, cuando no aceptamos la maldad venga de quién venga, o cuando nos enojamos con nosotros mismos porque hemos obrado mal. Este es un “enojo santo”. El creyente que no se enoja con el diablo y sus patrañas; el que no se enoja ante la transgresión, la inmoralidad, la injusticia, el odio, la mentira, aunque suene muy duro, hay necesidad de advertir que contemporiza con las obras de la carne, con los hijos de las tinieblas. Dios aborrece y se enoja contra toda maldad e impiedad.

La Biblia no nos dice que debemos evitar sentir enojo, pero si nos advierte que debemos saber usarlo apropiadamente. Si somos descuidados al hablar, en el trato con otros, en calumniar o levantar falso testimonio, promovemos contiendas y divisiones, ascuas de fuego amontonamos sobre nuestra cabeza. Alguien dijo: “si el sol no ha de ponerse sobre mi ira, mucho menos he de permitir que se ponga sobre la ira de Dios hacia mí”.

“Y dijo Dios a Jonás: ¿Haces bien en enojarte?”. Puede ser que podamos responder: “Si”. Muchas veces la ira es la mecha encendida de un pendenciero, o de un loco, o de los que aman el mal y aborrecen al Señor. Pero algunas veces es el fuego de Elías que cae del cielo. Hacemos bien cuando nos airamos con el pecado y aborrecemos el mal. La Escritura dice: “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; Él guarda las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra”, Salmos 97:10. Un deseo ardiente de complacer al Señor surgirá cuando aborrezcamos el mal, cuando sinceremos nuestros deseos con los de Él. Usted debe amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia. Si ama a Dios, odiará el mal, se enojará contra toda maldad. Se airará contra toda perversidad. Pero muchas veces tenemos que temer que nuestro enojo, ira, odio, se convierta en pecado para nosotros mismos. Hay muchas cosas por las cuales debemos actuar como Dios lo hace contra toda iniquidad, pero recordemos: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo”, Efesios 4:26-27. Lo fundamental en el creyente es hacer uso de la misericordia para con los que nada quieren saber de Dios. Debemos saber dominar nuestro carácter y no dejar que el enojo nos domine a nosotros. Si algo sucede que nos hace enojar, no permitamos que eso dure todo el día; antes que llegue la noche si está a nuestro alcance, debemos estar en paz con todos los prójimos, hermanos, amigos y familiares.

“No se ponga el sol sobre vuestro enojo”.

E.D.A.