La hora de la fe | #126

2020-08-19T11:06:41-04:00 18 de agosto de 2020|E.D.A.|

Qué grato es tener un versículo tan motivador como Job 1: 1. El autor nos dejó esta perla para el alma: “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”, Job 1:1.

Son muchas las veces que hemos escuchado este dicho: “Un solo palo no hace montaña”. Este refrán popular se refiere a que una persona no puede hacer algo grande por sí solo, casi siempre necesita la ayuda de otros. Sin embargo, el creyente puede decir que muchas veces un solo versículo de la Biblia puede hacer una montaña de bien en su vida. Tal es el versículo que encabeza este escrito (Job 1: 1).

¡Qué notable versículo! Por ejemplo, se observa a un hombre rico en todo sentido. Fue rico en carácter, porque era perfecto y recto. No era sin pecado, sino que era “íntegro” (2: 3, 9) ante Dios. Temía a Dios, no con terror, sino con confianza humilde y se apartaba de mal. También era rico en cuanto a familia, pues tenía una preocupación espiritual por sus hijos, orando por ellos (1: 5). Qué afortunados eran estos 10 hijos al tener un padre consagrado al Señor.

Job también era rico en posesiones materiales y tenía muchos criados; no obstante no permitió que sus pertenencias y fortuna económica ocuparan el lugar de Dios. Definitivamente, un tremendo hombre de Dios. Debemos leer el libro de Job y releerlo con detenimiento, porque nos ayudará a enfrentar las pruebas de la vida.

Sin embargo, la primera escena impactante del libro está en el primer versículo: “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”. Un legendario héroe de la fe. Aunque tal personaje no se encuentra en la lista de Hebreos 11, es sin embargo un modelo de vida virtuosa. Su temor de Dios no es mera emoción espasmódica, sino fruto de una fe obediente. Dios está entusiasmado de la integridad de Job. Dios expuso su propio prestigio al permitir que Satán pusiese a prueba la fe de Job en Él. ¡Tremenda lección de confianza divina en un hombre de carne y hueso como nosotros!

“…era este hombre perfecto y recto”. Así comienza la historia de Job, con un informe de integridad que abarca cada aspecto de su vida: lo ético y lo moral, lo humano y lo espiritual. Cuanto peores eran quienes le rodeaban, tanto mejor era él. Este es el primer juicio que la Palabra de Dios hace de Job.

“…temeroso de Dios”. Es decir, santo, piadoso, consagrado. Así se habla en todo el libro de esta gran gloria espiritual. Con razón es elogiado por Dios y cuestionado por Satán. El creyente sabio e íntegro es el que ama a Dios con temor reverente. Es el que lo respeta. Es el que tiene absoluta confianza en Él.

“…y apartado del mal”. No es que careciese enteramente de pecado, pues él mismo dice: “Si yo me justificare, me condenaría mi boca; Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo”, Job 9:20. Pero, al respetar lo ordenado por Dios, se convertía en una persona “perfecta” (Mateo 5: 48). Era tan bueno como lo parecía, ya que tenía un corazón tan sano como sana era su mente. Rechazaba la idea de hacer mal. Dice en Proverbios 8: 13: “El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco”.

Esto es solo una señal de la integridad y de la bendición de Job. Aunque era próspero, su piedad era mayor, y no estaba recluido en un templo ni en un monasterio, sino que era un hombre de Dios en su casa, con su familia y sus criados.

Estimado lector, nuestra integridad, la suya y la de quien esto escribe, debe abarcar cada aspecto de nuestra vida. Nuestra fidelidad y temor de Dios es la mayor prueba de verdadera cristiandad. Que todos los creyentes seamos recordados tal como lo que se dice en el primer versículo del libro de Job, y por nuestra perseverancia en el Señor frente a las pruebas de la vida. Debemos ser un modelo cristiano para otros. Solamente la práctica religiosa al estilo de Job, tiene retribución de parte de Dios.

E.D.A.