La hora de la fe | #127

2020-08-23T05:41:58-04:00 19 de agosto de 2020|E.D.A.|

Desde la niñez a todos nos ha fascinado la historia de David y Goliat. ¡Qué contraste tan marcado entre estos dos personajes! Goliat, el orgullo de los filisteos (mundo); David, la humildad del creyente en el Señor.

La famosa lucha que encontramos en 1 Samuel, capitulo 17, no se dio entre dos ejércitos, sino entre dos individuos; no fue entre dos naciones, sino entre dos convicciones o creencias. Nosotros estamos sujetos al mismo asunto. Tenemos una lucha particular con “gigantes” poderosos, que si bien no son físicos, no por eso dejan de ser peligrosos, devastadores, esclavizantes; llamémoslos emocionales, psicológicos, sentimentales o espirituales. Más claro: temor, amargura, celos, lujuria, depresión, rabia, soledad, resentimiento, malos hábitos, impaciencia, pesimismo, aflicción, dolor, etc.

Sin importar cuán grande, pesado y terrible sea el “gigante” de nuestra vida, los creyentes en Dios debemos recordar: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”, 1 Pedro 5:6-7.

Es fácil hablar de la historia de David y Goliat; sin embargo, es algo totalmente distinto cuando nuestra nariz está frente a las rodillas de un gigante. Cuando se tiene a Goliat a kilómetros de distancia, la situación no parece tan peligrosa; pero cuando el gigante (¿cómo se llama el suyo?) está en nuestra casa, en nuestro pensamiento, en nuestro corazón, ojos, mente, pies, manos, oídos, la perspectiva cambia.

Sin embargo, escrito está: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos”, Proverbios 3:5-8. “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”, Romanos 12:21.

David reconoció la importancia de actuar en el Dios de Israel, que también es nuestro Dios. Con el Señor peleando a nuestro lado contra cualquier “gigante” moral y espiritual, no hay razón para caer vencido ante cualquier enemigo de la fe cristiana. Puede ser que el mundo trate de desanimarnos con comentarios o burlas, pero todos los creyentes debemos continuar venciendo gigantes. Al hacer esto, no solo nos beneficiamos nosotros sino que complacemos a Dios cuya opinión es la más importante.

Así que, ¡a vencer “gigantes”! ¡A sacar “espinos” (vea Marcos 4: 5, 18, 19) del cuerpo, alma y espíritu! “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”, Romanos 8: 31. Sí Cristo dio su vida por usted, usted debe honrarlo, amarlo y recibirlo sin “gigante” alguno que se lo impida.

E.D.A.