La hora de la fe | #130

2020-08-23T06:12:58-04:00 22 de agosto de 2020|E.D.A.|

¡Qué maravilloso es tener una lectura tan motivadora como la del Salmo 8! El tema del Salmo es la creación: Dios, el Creador todopoderoso, cuida a su creación más valiosa: las personas. Cuando miramos las maravillas de la creación, nos preguntamos cómo puede Dios interesarse en gente que constantemente lo hace enojar. Aun así, Dios nos creó sólo un poco menores que los ángeles. La próxima vez que menospreciemos el valor de la gente, o que nos sintamos deprimidos, o tentados a menospreciarnos, recordemos que Dios nos considera de gran valor.

Dios dio a la humanidad una autoridad tremenda: estar a cargo de toda la creación. Pero con la gran autoridad viene la gran responsabilidad. Por ejemplo, si poseemos una mascota, tenemos la autoridad de hacer con ella lo que queramos, pero también tenemos la responsabilidad de alimentarla y cuidarla en salud y enfermedad. ¿Cómo trata usted la creación de Dios? El salmista utiliza o sintetiza la creación usando ciertas especies de animales y otras cosas de la naturaleza: “Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; Todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, Y asimismo las bestias del campo, Las aves de los cielos y los peces del mar; Todo cuanto pasa por los senderos del mar”, Salmos 8:6-8.

Es inexplicable, a veces, como los humanos llegamos a encariñarnos con los animales. Algunos aparecen en nuestros hogares y poco a poco van metiéndose en nuestros corazones, hasta que al fin viene a formar parte de la familia. Hay mascotas que llegan a ser parte de nuestra vida. Sin embargo, no se justifica ciertas extravagancias con ellas, cuando hay tantos niños y ancianos con hambre y enfermos en este mundo. No es razonable ni bíblico que un animal ocupe el lugar de un ser humano. Lo razonable es que el ser humano ocupe el lugar que Dios le asignó en su creación. ¡Todo tiene su lugar!

El autor del Salmo hace la siguiente pregunta: ¿Qué es el hombre? ¡¿Qué es usted?! Si preguntamos a Moisés ¿qué es el hombre? nos respondería: “…son como sueño,… En la mañana florece y crece; A la tarde es cortada, y se seca”, Salmos 90:6. Isaías nos diría: “Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo”, Isaías 40:6. El gran sabio Salomón contestaría: “…Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad”, Eclesiastés 2:15.

¿Qué somos nosotros? El pensamiento divino afirma:

  1. Un ser creado a la semejanza de Dios (Génesis 1: 26).
  2. Un mayordomo de la naturaleza (Salmo 8).
  3. Una persona con libre albedrío (Deuteronomio 30: 19).
  4. El templo del Espíritu de Dios (1 Corintios 6: 19).
  5. Un ser con eternidad (Eclesiastés 12: 14; 2 Corintios 5: 10; Lucas 16: 19-31).

Por consiguiente, ninguna persona es despreciable (Hechos 10: 28), pues es linaje de Dios (Hechos 17: 28). Dios ha hecho de una sola sangre todo el linaje humano. Toda discriminación racial, social, cultural atenta contra el propio Creador Divino (Gálatas 3: 28). Sin embargo, la verdadera transformación del ser humano se efectúa por medio de Jesucristo. Adán y Eva habían introducido el desorden moral y espiritual, pero el Redentor, Jesucristo, nos reconcilia con Dios (Juan 1: 11-13). Por consiguiente, el cuerpo no debe degradarse y el alma debe glorificar a Dios. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”, 1 Tesalonicenses 5:23.

E.D.A.