La hora de la fe | #140

2020-09-09T00:25:57-04:00 3 de septiembre de 2020|E.D.A.|

LA ESPERANZA es un maravilloso regalo de Dios, una fuente de fortaleza y ánimo frente a las pruebas más duras de la vida. Sencillamente, cuando la vida nos angustia y los sueños se desvanecen, nada nos ayuda como la esperanza. Es uno de los tres grandes elementos del carácter y la vida del cristiano. (1 Corintios 13: 13).

Se dice que el amor es la mayor cosa del mundo. No cabe duda que es verdad, según la palabra del apóstol Pablo a los Corintios; sin embargo, arranquemos la esperanza del corazón del ser humano y lo convertiremos en presa para cualquier situación difícil de la vida. Desdichados los que nada esperan, porque llegan a ser los más infelices de la tierra.

La esperanza cristiana es la luz del alma. Lo es, porque su ojo mira hacia la aurora; es lo opuesto al ocaso del día. Siempre mira más allá de la enfermedad, del desaliento, de la desgracia. Mira, según Apocalipsis 22: 16, a: “Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”. ¿Quién es esta Estrella resplandeciente de la mañana sino Cristo que habita en nosotros, por medio del Espíritu que nos ayuda en las debilidades?

En el Nuevo Testamento, Cristo es la esperanza del cristiano (1 Timoteo 1: 1). El mensaje de Jesús es de esperanza (Lucas 4: 18, 19); esta esperanza no la comprenden con facilidad ni la aceptan quienes no lo conocen bien. Además la esperanza del cristiano tiene por objeto poseer los bienes o bendiciones del Reino de Dios que son presentes y futuros. Juan afirma que la vida eterna es una posesión presente, pero se perfecciona en el futuro: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”, Juan 5:28-29.

Si por una parte es un gran pecado desear ser como Dios, por otra también lo es la falta de esperanza y fe en el Señor. La esperanza cristiana, por tanto, provoca un pensamiento de bien, de felicidad. El incrédulo pone su esperanza en la casualidad o en la superstición, el cristiano la usa como expectación de futuro y bienestar en Cristo. ¡Cristo es nuestra esperanza! Cuando experimentamos la crisis nos aferramos a las promesas divinas. Hasta la misma naturaleza creada por Dios espera la liberación de Cristo (Romanos 8: 19ss).

Cristiano, busqué ESPERANZA en Dios para continuar…ESPERANZA en el Señor para resistir…ESPERANZA en el Espíritu para ver cumplidas todas las promesas divinas. No importa cuán ardiente sea la prueba, lo principal es que recuerde que en definitiva la temperatura o la prueba de fuego es regulada por la Soberanía de Dios (véase 1 Pedro 4: 12-19). También es importante que recuerde que somos parte de un rebaño amoroso atendido por el BUEN PASTOR. A medida que luche con las pruebas recuerde Romanos 8: 38, 39 (lea esa cita). Estos versículos contienen una de las promesas más reconfortantes de todas las Escrituras. Nada impedirá que nos separen de Dios ¡Amén!

E.D.A.