La hora de la fe | #145

2020-09-13T05:59:51-04:00 9 de septiembre de 2020|E.D.A.|

Si algún tema nos atrae en la actualidad, es la búsqueda de la felicidad. Las propagandas en los medios de comunicación y hasta en algunos programas religiosos por televisión y radio, prometen mucho más de lo que pueden ofrecer. Sus mensajes atractivos caen en cinco categorías: fortuna, fama, poder, placer y salud.

La fortuna dice que para ser feliz usted tiene que ganar mucho dinero. “¿Quieres ser millonario?, aquí está tu gran oportunidad”, es lo que más o menos oímos y vemos en los titulares y promociones por radio y televisión. Cualquiera que busque la felicidad debe tener dinero.

La fama dice que para ser feliz es necesario que el público le conozca. Tiene que ser una celebridad, alguien que socialmente o religiosamente lo aplauda. El aplauso, galardón o la popularidad es el acicate y la meta de los ególatras, de los que buscan ser idolatrados por la gente.

El poder dice que para ser feliz hay que ejercer autoridad, liderazgo, tomar el control, encargarse de la situación. “Tome la delantera, exija respeto”, es lo que se le inculca a la mente del que quiere poder.

El placer implica que para ser feliz es necesario llorar de alegría, no abstenerse de ninguna pasión, diversión, gusto; “conoce toda la felicidad que te brindamos”, es parte de la publicidad.

La salud dice que para ser feliz usted no debe padecer ninguna enfermedad grave. Es para los sanadores religiosos el ideal de la perfección humana y espiritual y la plegaria que debe elevarse a la divinidad. “Pare de sufrir”, es uno de los lemas de algunos mesías o ungidos religiosos.

Falta la dimensión vertical. Es interesante que pocos se interesan por el que está a la diestra del Padre: Jesucristo. Mucha gente mira a esa lista horizontal, muy pocos a la dimensión vertical. Nada en esa lista de cinco categorías garantiza satisfacción, gozo, alivio espiritual y descanso para el alma.

Todo esto nos trae a lo más relevante: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”, 1 Pedro 5:6-7. A menudo nos preocupamos por nuestro nivel social, físico y económico, en esperar recibir algo que realmente nos haga feliz. Pero el reconocimiento de Dios es más valioso que lo que hay en el mundo. Dios quiere bendecirnos a su debido tiempo. Reconocer el cuidado y providencia de Dios, volvernos a Él en los días de mayor dificultad, tiene su recompensa.

En este tiempo de sufrimiento, la maravillosa promesa del Señor es que “Él tiene cuidado de vosotros”. Los cristianos debemos echar todo descontento, desánimo, desesperanza y sufrimiento en el Señor, y confiar en que Él sabe lo que hace con y en la vida de cada uno de nosotros. Sin duda parece un abismo maravilloso entre las cinco cosas señaladas al principio y el Señor. Dios tiene tanto interés por nosotros como el que tuvo por su Hijo Jesucristo.

La mayor de las felicidades debemos asociarla con este versículo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, Mateo 6:33.

Esto significa tiempo para la oración y para leer la Biblia. Poner a Dios primero cada día y en todas nuestras decisiones. No dejar de congregarnos el primer día de la semana. Lot dejó la felicidad de Dios por la del mundo y terminó en la oscuridad de una cueva, practicando un terrible pecado. Cada cristiano debe poner a Dios primero en todo para vivir felizmente.

E.D.A.