La hora de la fe | #146

2020-09-13T06:15:14-04:00 10 de septiembre de 2020|E.D.A.|

El tiempo que nos ha tocado vivir no es el deseado. Es realmente difícil el actual confinamiento en nuestras viviendas. Sin embargo, hay un refrán que busca emitir un mensaje optimista ante aquellas situaciones, que en principio, no son buenas pero que, a futuro, pueden generar resultados positivos. Dicho refrán dice: “no hay mal que por bien no venga”.

Pero más importante resultan estas palabras bíblicas: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”, Romanos 8:28. Dios hace posible que “todas las cosas”, no sólo incidentes aislados, redunden en nuestro bien. Esto no significa que todo lo que nos pasa es o será bueno. Lo malo sigue prevaleciendo en nuestro mundo, pero Dios es capaz de cambiar las circunstancias a nuestro favor. Tenga presente que Dios no está dedicado a hacernos la vida totalmente feliz, sino en cumplir sus propósitos en nosotros. Nótese asimismo que esta promesa no es para toda la humanidad; es solo para los que aman a Dios y toman en serio Sus planes.

¿Para usted es difícil la situación actual? Suponemos que sí. ¿Desearía que las presentes circunstancias cesaran? ¡Claro que sí! Pero recuerde lo que acabamos de leer en la Biblia. “Todas las cosas ayudan a bien”. Si usted es una persona cristiana, debe aprovechar este tiempo en comunión con la familia y con Dios. Dios planeó la familia para que sea la base de nuestra felicidad personal, de nuestra realización. Por lo tanto, recuerde invertir este tiempo de confinamiento en una gran inversión constructiva, que produce ganancias familiares y eternas. Los días pasan rápidamente y cuando menos lo esperamos, nuestros hijos, nuestros nietos, estarán dejando el “nido”. Lo mejor que podemos hacer en estos días, semanas y meses (¡¿hasta cuándo?!), es concentrarnos lo más que podamos en compañerismo con los nuestros (esposa (o), hijos, hermanos, abuelos, etc.) y cultivando la devoción espiritual. Nuestra relación con el Señor y con la familia debe tornarse dinámica, creativa, participativa. Priorizar y programar momentos especiales con toda la familia.

Las amistades y el trabajo son maravillosos, pero la familia o el hogar lo son mucho más. Después de Dios, es incomparable, irreemplazable, hasta tal punto que constituye la base de la sociedad y de la iglesia. Todo parte de ella y por eso, nuestra mayor inversión debe estar relacionada con ella.

Apliquemos Eclesiastés 3: 10-12 a nuestros hogares: “Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida”.

¡Dios bendiga cada hogar!

E.D.A.