La hora de la fe | #152

2020-09-20T04:47:18-04:00 17 de septiembre de 2020|E.D.A.|

La convivencia con actividades del mundo que involucran la pérdida de los valores cristianos, significa apartarse de Dios y no permanecer en la verdad. Al respecto, el apóstol Pablo le recordó a los creyentes de Corinto una cita del Antiguo Testamento: “Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré”, 2 Corintios 6:17.

“Apartados, dice el Señor…”

Nuestra condición de cristiano implica, más que evitar acciones que nos lleven a contraer lamentaciones posteriores, mantener una comunión permanente con el Señor, en contacto con las Escrituras, unidos con los hermanos en la fe y no dejar de orar. Esa es la esencia del cristianismo (véase Juan 17: 15-26). Los cristianos no tenemos nada que ver con el paganismo, la idolatría y las tinieblas espirituales.

El cristiano, aunque está en el mundo, debe distinguirse por la gran finalidad de su vida. Para él, el vivir tiene que ser conforme a lo establecido en la Sagradas Escrituras (Juan 5: 39). Ya sea que coma, o beba, o se vista, o hable, o haga cualquier otra cosa, tiene que hacerlo todo para la gloria de Dios. Así lo dice Pablo: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”, Colosenses 3:17. Es decir, se debe dar honor al Señor en cada aspecto de nuestro diario vivir ¿Qué impresión tiene la gente de nosotros cuando nos ven por Facebook o por Twitter, por ejemplo?, ¿qué hablan, qué piensan?

La vida cristiana es maravillosa; no son prohibiciones, como la mayoría del mundo cree, sino vida gozosa, música y canto edificante, libertad para hacer lo bueno, dominio propio o templanza. Pero para que esto sea así, hay que vivir las implicaciones del texto con el que iniciamos este devocional. Tenemos que estar “apartados” de lo que no edifica (1 Corintios 6: 12; 10: 23). Si una cosa es injusta tendríamos que estar apartado de ella. Si una experiencia es justa, debemos hacerlo aunque nos cueste mucho.

Definitivamente, ¡no hay otra vida superior a la cristiana! Los cristianos no somos supersticiosos, escépticos, fatalistas, demagogos, hipócritas, etc., somos lo que nos enseña la Biblia: “De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, 2 Corintios 5:16-17. No hemos sido reformados, rehabilitados o reeducados; somos una nueva obra de Cristo, viviendo en unión vital con Él, un nuevo modo de pensar y actuar.

Un discípulo de Cristo se santifica (se aparta) al creer y obedecer la Palabra; ha aceptado el perdón mediante la muerte sacrificial de Cristo. Sin embargo, la aplicación diaria de las Escrituras tiene un efecto purificador sobre nuestro corazón. Ella nos mueve al “apartarnos” diariamente para relacionarnos con Dios y nos guía por el buen camino. Usted debe experimentar esta clase de vivencia cristiana.

E.D.A.