La hora de la fe | #153

2020-09-20T04:55:07-04:00 18 de septiembre de 2020|E.D.A.|

Cierto día que Jesús se hallaba enseñando al pueblo, vinieron unos alguaciles enviados por los sacerdotes para aprehenderlo. Deseando ejecutar su acción, estuvieron esperando oírle pronunciar alguna palabra comprometedora; pero en lugar de echarle mano, volvieron a sus jefes con la respuesta: “… ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”, Juan 7: 46.

Ciertamente tenían razón aquellos alguaciles. ¿Qué hombre se ha atrevido jamás a pronunciar palabras como las del texto de Mateo 11: 28-30? “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. ¿Qué más necesita el ser humano en el día de hoy?

Se ha dicho que el hombre es un eterno buscador de felicidad, la cual se aleja de él a medida que crece su capacidad para gozar. El niño de pocos meses se siente feliz con muy poca cosa, mas sus dificultades crecen en la misma medida que sus facultades se desarrollan. Podemos afirmar que nunca seremos capaces de librarnos del dolor físico, del quebranto del alma y del temor a la muerte.

Sin embargo, el ser humano necesita el extra del Señor. La felicidad humana a veces nos engaña. No obstante, Jesús es la respuesta a las necesidades más apremiantes del ser humano. Un refrán dice que: “todos los caminos conducen a Roma”, porque todo el sistema de caminos romanos terminaba en la antigua Roma. Uno podía empezar el viaje en un camino romano y terminar en Roma. Pero no sucede lo mismo en lo espiritual. No todas las religiones conducen a Cristo, que es el único camino que puede conducirnos al descanso de nuestras culpas pasadas, de nuestras debilidades presentes y a la tranquilidad de nuestros temores respecto del futuro. Es por eso que Jesús dijo: “…Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14:6.

En el texto de Mateo, el Señor Jesús se ofrece como el gran consolador, aliviador y amigo fiel para disminuir dolores físicos, morales y espirituales. Estos tres dolores, siempre presentes en nuestra vida, causan desasosiego, ansiedad, incertidumbre; temores y dolores de toda naturaleza; en los dominios del alma, algunos dolores son iguales o peores que los físicos. Hoy podemos más que nunca librarnos fácilmente del dolor físico; pero no hay calmante para el descontento, para la desconfianza, para la consciencia. Sin embargo, aparece el humilde carpintero de Nazaret y exclama: “Vengan a mí los trabajados y cargados, y os haré descansar”.

Notemos que no ofrece un consejo, sino Su persona; no ofrece un ritual religioso, sino Su descanso; no sugiere un apóstol en particular, sino Su amistad. Quien vino a vencer al pecado también vino a ofrecernos gozo, paz y auxilio en las tribulaciones. En este aspecto Jesús es el único que puede darnos fortaleza y esperanza, valor y entusiasmo, fe y salvación. ¿Qué respondió Pedro a la pregunta de Jesús: “… ¿Queréis acaso iros también vosotros?”. Su respuesta fue: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”, (Juan 6: 67, 68).

¿Qué le parece las palabras que encontramos en nuestro texto? (Mateo 11: 28-30). Son para usted y para todos los que quieran aceptarlo como Maestro y Señor, como amigo y consolador, como Dios Salvador (Isaías 45: 22).

E.D.A.