La hora de la fe | #156

2020-09-27T10:33:46-04:00 22 de septiembre de 2020|E.D.A.|

La vida moderna es extremadamente compleja: máquinas sofisticadas, computadoras, números, automatización, telecomunicaciones y globalización en general. Y pese al avance de la ciencia, nuestra alma sigue reclamando tranquilidad y paz. Sin embargo, en medio de esa “orquesta” desafinada para la vida cansada, hallamos en la Palabra de Dios aliento para continuar viviendo: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”, Juan 8:36.

Si queremos ser libres del estrés, de la ansiedad, de la desesperanza, no podemos hacerlo en base a la relación sanguínea, ni tampoco ilusionándonos con las promesas de los gobiernos, partidos y políticos en general. La vida moderna cansa. Además, algo de razón tenía el sabio Salomón: “Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad”. “Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí”, Eclesiastés 2:15, 18.

La sabiduría, las riquezas y los logros personales no lo son todo. No debemos edificar nuestras vidas sobre metas perecederas, sino sobre el fundamento sólido de la fe en el Señor. Este es el punto de este escrito. Da gusto tener un versículo como Juan 8: 36 que informa a todos que en Cristo hay libertad, sosiego, entusiasmo, esperanza. Jesús mismo es la verdadera libertad, la fuente de las verdaderas promesas, la norma ideal para lo que más nos conviene. Nos libera de las trampas, mentiras y del autoengaño. Nos muestra claramente el camino a la vida abundante, bienaventurada (Mateo 5: 3-12). Si la situación actual nos esclaviza y nos impide ser la persona que Dios tuvo en mente al crearnos, su Hijo puede liberarnos y dominar aquellas situaciones que nosotros no podemos con ellas.

“Verdaderamente libres” es algo asombroso. No es totalmente libre quien ha perdido el rumbo de la fe en el Hijo de Dios. Libre es aquel que busca el “camino, la verdad y la vida”, que el Señor ofrece (Juan 14: 6). Aunque es cierto que en la actualidad se necesita justicia, comprensión, tolerancia y paz, lo esencial, lo más urgente de estos tiempos, es que todos nos demos cuenta, sin excepción, de lo admirable que nos ofrece la bendita Palabra de Cristo. Por ejemplo, para los cansados de vivir, el Señor Jesús nos deja esta invitación sin igual: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”, Mateo 11: 28-30.

Sinceramente, fuera de Cristo y de las Sagradas Escrituras, nadie en este vasto mundo tiene la capacidad humana de ser “verdaderamente libres”. Cristo no ofrece libertinaje, sino libertad. ¿No es mucho mejor conocer la libertad de Cristo que el libertinaje del mundo? Si el Hijo de Dios le libera de la esclavitud de la ansiedad, del miedo y de una conciencia cargada de culpas o temores; serás verdaderamente libre.

E.D.A.