La hora de la fe | #157

2020-09-27T10:43:55-04:00 23 de septiembre de 2020|E.D.A.|

En 1 Corintios 9: 24-27 encontramos cuatro elementos para una vida victoriosa: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”.

Casi pareciera que el gran Pablo nos estuviera comunicando su credo personal. Parece una versión condensada de cómo el cristiano se mantiene encarrilado frente a los desafíos espirituales de la vida.

He aquí los cuatro elementos esenciales que conducen a una vida victoriosa: acción, meta, disciplina y recompensa. Observemos cada uno con detenimiento:

ACCIÓN
Esos versículos destilan el sudor del “atleta cristiano”. Pablo entreteje entusiasmo con sacrificio: “Yo…corro…peleo”. Para el apóstol, el cristiano es un atleta espiritual. ¡Buena imagen para todos nosotros! Ningún cristiano jamás en su carrera avanza en la vida de santidad, de servicio al Señor, en el modelo bíblico sin participar fielmente en la marcha que conduce a la victoria.

META
Este elemento está aquí: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire”, (v.26). Cualquier corredor que desea ganar debe mantener el rumbo. Los que corren, apuntan a la línea de meta. Lo mismo se cumple en el caso de un cristiano. Resulta útil, pero muy útil, no perder de vista la “Meta”, ¿por qué? Porque cuando apartamos los ojos de Jesús como objeto exclusivos de la fe y salvación, la motivación, la fidelidad y la perseverancia cristiana pueden debilitarse.

DISCIPLINA
La disciplina es uno de los elementos más aborrecidos de nuestro tiempo. Está asociada a la paciencia y dominio propio. ¿Se ha dado cuenta con qué frecuencia aparece esta palabra en los testimonios de los atletas cristianos vencedores? El apóstol dice: “sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”, (v.27). La victoria no se descubre en los indisciplinados, por el contrario, causa vergüenza. Para alcanzar “el premio” hay que estar preparado con la armadura del atleta de Dios (Efesios 6: 10-18). Hay que vestirse y entrenar con el ropaje del Evangelio, no con la espada de Pedro ni con el sueño de los discípulos en Getsemaní.

RECOMPENSA
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis”, (v.24). Como cristianos, correremos a fin de obtener nuestra propia recompensa celestial. Nada de lo que obtenía el atleta vencedor griego tenía valor duradero. Eso sigue siendo cierto aún hoy. ¡No hay trofeo como el que se otorgará al atleta cristiano! Ningún honor, por importante que sea, puede compararse con el que recibirá el cristiano. Lo mejor que se puede decir del premio del creyente lo encontramos en estas palabras de Cristo: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”, Apocalipsis 22:12. Esta recompensa o galardón se encuentra en todo el Nuevo Testamento. La más noble corona es: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”, Mateo 25:23.

E.D.A.