La hora de la fe | #158

2020-09-27T10:57:55-04:00 24 de septiembre de 2020|E.D.A.|

Isaías dijo: “Dios abrió un camino en el mar, a través de las aguas profundas, y por allí pasó su pueblo. Los guerreros de Egipto persiguieron a los israelitas con caballos y carros de guerra, pero se hundieron en el mar y ya no pudieron levantarse; la luz de su vida se apagó”. Y ahora, Dios le dice a su pueblo: “No recuerden ni piensen más en las cosas del pasado. Yo voy a hacer algo nuevo, y ya he empezado a hacerlo. Estoy abriendo un camino en el desierto y haré brotar ríos en la tierra seca. Yo mismo lo he creado para que me adore”. Isaías 43: 16-19, 21. (Traducción en Lenguaje Actual).

Esta lectura describe un nuevo amanecer para el pueblo de Dios que le escucha. Los milagros pasados no fueron únicos ni exclusivos, Dios puede hacer hoy lo mismo que hizo por Su pueblo después del éxodo. Eso sí, el pueblo tiene que clamar a Dios y una vez más lo escuchará y liberará de todo aquello que lo mortifica (2 Crónicas 7: 12-15).

¿Cuán a menudo buscamos respuestas inmediatas a nuestras oraciones y, cuando no sucede nada, nos preguntamos si Dios nos ha escuchado? Dios sí escucha, y debemos confiar en que abrirá algo nuevo y posiblemente más maravilloso que aquel éxodo de Egipto, en el momento adecuado (véase Isaías 52: 11, 12). Dios responderá las oraciones sinceras.

¿Quién no se siente atraído por lo nuevo? Comprar una casa, un vehículo, un vestido; viajar a un lugar desconocido y atractivo, aún esperar a un bebé. Estas y otras expectativas nos llenan de entusiasmo, de esperanza, ponen una chispa de emoción a la rutina de la vida. En la lectura de hoy, Dios promete hacer algo nuevo por Su pueblo. Dios ofrece liberar y bendecir a Su gente. El profeta Isaías usa las palabras “no recuerden ni piensen más en las cosas del pasado”, esto implica sacar las dudas y temores de hoy; pero también dice: “Estoy abriendo un camino en el desierto…”, es decir les ofreció solución, haré desaparecer milagrosamente toda esclavitud.

Meditemos en nuestra propia situación, ¿se ajusta a lo dicho por Cristo en Juan 8: 31, 32, 36? Jesús mismo es la fuente de toda bendición presente y futura. Nos libera de las consecuencias de la ansiedad, de los malos recuerdos, del autoengaño. Nos muestra claramente como Él abre un camino nuevo en el desierto y proporciona agua para nuestra sequedad espiritual. “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”, Juan 7: 37-38.

No recordemos con frecuencia el pasado que tanto mal nos está haciendo. Con malos recuerdos alimentamos la desesperanza. ¡Bienaventurado el que pone sus esperanzas en el Señor, el que fortalece su espíritu con las promesas de la Biblia! Para los tales Dios ofrece recompensa, la recompensa de un beneficio eterno en los cielos. Este es un buen pensamiento: “Solamente a los fuertes les fortalece aún más el sufrimiento; a los débiles los debilita más”, L. Feuchtwanger. Nos abruma menos la fatiga del alma cuando pensamos en lo que el Señor puede hacer en nuestras vidas hoy, ni que decir lo que nos espera con Él en la eternidad.

El Señor conoce todo sobre nosotros. Por lo tanto, nuestra confianza y esperanza no serán en vano. Nos conviene vivir en esperanza, no nos beneficia convivir con sentimientos de derrota.

E.D.A.