La hora de la fe | #208

2020-11-22T07:45:42-04:00 21 de noviembre de 2020|E.D.A.|

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”, Salmos 23:5.

En los tiempos de David, era costumbre ungir a una persona invitada a un banquete con aceite fragante, como con una loción aromática. Los anfitriones debían proteger a sus huéspedes a toda costa. El Buen Pastor ofrece segura protección a sus ovejas aun cuando estén rodeado de enemigos (Juan 10: 28). En la escena final de este salmo, vemos que los creyentes morarán para siempre en la casa del Padre (Juan 14: 2). Podemos aguardar con expectativa la vida eterna porque Jesús la ha prometido a todo aquel que cree en Él. Aunque los detalles de la eternidad se desconozcan, no es necesario que temamos, porque ningún enemigo pasará a la eternidad con nosotros.

Podemos aplicar de un modo especial las palabras “aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores” (enemigos) a la mesa de la Cena Conmemorativa del Señor. Esta es la mesa por excelencia que Cristo ha aderezado o preparado para Su rebaño; que no sólo perpetúa la memoria de la noche en la que el Buen Pastor fue entregado y luego crucificado por nuestros pecados, sino que también nos designa como familia de Dios. En la Cena del Señor no se realiza ningún cambio físico en el pan o en el vino. El pan permanece como pan y el vino como vino; y sin embargo, en el momento de participar de estos elementos, el creyente en Cristo se siente reconfortado en su fe. Recordar la preciosa muerte de nuestro Salvador es un momento de recogimiento y reflexión espiritual. Requiere adoración. El apóstol Pablo da instrucciones específicas relacionadas con la forma en que debiera celebrarse la Cena del Señor (Véase 1 Corintios 11: 26-30).

Muchos consuelos encierran las palabras de nuestro versículo de hoy: “aderezas mesa delante de mí…”, porque indica el cuidado de nuestro Salvador. Nótese que la mesa está preparada o dispuesta antes que las “ovejas” lleguen. No hay prisa, ni confusión, ni desorden. Los enemigos están afuera y por eso el cristiano se siente en perfecta paz, porque Dios es el que prepara la mesa. ¡Cuánta paz y seguridad da el Buen Pastor a Su rebaño, aún en medio de las peores circunstancias y tribulaciones! Con estas palabras el Salvador les dijo a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, Juan 16:33. A pesar de las luchas inevitables que debemos enfrentar, nunca estaremos solos. El Señor nunca nos abandona en nuestras luchas. En los tiempos más difíciles el adereza mesa en presencia de nuestros enemigos; nos unge con óleo aromático cuando entramos a su presencia con acción de gracias.

Cuando el salmista dice que Jehová mismo le unge con aceite, ¿no nos quiere dar entender que la vida es una fiesta sagrada, en la que nosotros somos parte de su familia y Dios el que nos recibe? ¿No intenta asimismo aleccionar que el Señor nos recibe con amor y gozo?

E.D.A.