La hora de la fe | #239

2021-01-16T17:58:38-04:00 16 de enero de 2021|E.D.A.|

“En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido”, Juan 16:23-24.

Lo que habían pedido en oración los apóstoles, le pareció al Señor Jesús poco; mejor dicho, nada en comparación con lo que el Padre deseaba dar. Realmente Jesús les mandó que pidiesen cosas grandes, difíciles, bendiciones para multitudes y naciones enteras.

En estos tiempos de grandes catástrofes, hay que recordar que de Dios vienen todas las dádivas BUENAS y todo don PERFECTO y que todavía está dispuesto a oír el clamor de sus hijos, “hijos” como se escribe en Juan 1: 11-13; es decir, para todos los que aceptan a Cristo como Señor y Salvador de sus vidas, Él está dispuesto a obrar por ellos grandes maravillas (Jeremías 33:3). La fuerza de la oración no tiene límites, porque todo lo puede el Todopoderoso Dios; cuando el cristiano ora, Dios siempre obra si se cumplen las condiciones que las Escrituras establecen (1 Juan 5: 14, 15).

Nuestro objetivo supremo en la oración tiene que ser la glorificación de Dios y no mezclar egoísmos, vanidades, plegarias con fines que responden a intereses carnales, tal y como lo dice el escritor sagrado: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”, Santiago 4:3. No hay nada malo en orar pidiendo por una vida normal, por bendiciones para el disfrute natural de la vida humana. Lo malo es cuando no se desea que el nombre del Señor sea glorificado. Este mandamiento procede del Señor Jesús: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”, Mateo 7:7-11.

En estos versículos Jesús nos está mostrando el corazón de nuestro Dios. Él es un Padre amante que comprende, cuida y conforta. Por lo tanto, no se rinda en su afán por encontrarse con Dios mediante la Palabra y la oración. Pida, sobre todo, más sabiduría, más paciencia, más conocimiento de la Biblia, más fortaleza y esperanza. No se rinda. Dios le dará eso y mucho más.

En las Sagradas Escrituras abundan oraciones de esa índole. Las oraciones de Moisés durante el peregrinaje por el desierto, las de Daniel en el cautiverio de Babilonia implorando porque Dios regulase las circunstancias de su pueblo, la situación de Pablo y Silas en aquella noche de dolor cuando en la cárcel de Filipo cantaban himnos a Dios y oraban. ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?, dijo el ángel Gabriel a Zacarías cuando él dudó bajo condiciones tan inverosímiles.

Razonamientos y ejemplos bíblicos más convincentes no pueden haber. Afirmaciones más autorizadas y satisfactorias como las del Señor Jesús sobre la oración no habrá jamás. Para que la oración logre los fines que la Biblia dice, el cristiano debe colocarse dentro de los planes divinos. Si buscamos aquellas cosas que el Padre celestial desea realizar, entonces la oración de fe es poderosa; con toda seguridad recibiremos, no penitencias, ni promesas, ni sacrificios, sino gracia (bondad) divina que sobreabunda. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho”, Juan 15:7.

E.D.A.