La hora de la fe | #252 – #257

2021-02-07T09:00:39-04:00 6 de febrero de 2021|E.D.A.|

Vamos a enfocarnos en un tema basado en cuatro palabras: ¡Elige principios de vida! ¿Quién puede ser feliz en este mundo? ¿Cuáles son algunas fuentes primarias de vida abundante? ¿Hay principios básicos para sobreponerse a la depresión aguda? ¡Sí! He aquí nueve principios acreditados por Dios en la Biblia.

1. MANSEDUMBRE.- “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”, Proverbios 16:32.

En nuestro idioma español, la palabra “manso” no es precisamente una de las que usaríamos como calificativo para elogiar a alguien. Por lo regular indica o tiene un matiz de servilismo con el que nadie se sentiría honrado ni feliz. La palabra “manso” nos hace imaginar una persona sumisa, pasiva, poco emprendedora, con falta de audacia y valentía. Pero en la Biblia manso o mansedumbre equivale a un estado que sabe controlar la ira, el enojo, la rabia, los impulsos y pasiones a destiempo.

Los mansos, dijo el Señor Jesús “…recibirán la tierra por heredad”, Mateo 5:5b. Moisés no poseía un carácter pasivo ni carecía de valentía; sin embargo, no estaba capacitado para heredar la tierra de Canaán. Fue un gran caudillo y legislador que sacó de Egipto a los hebreos, los organizó como nación y los condujo a la tierra prometida. Sin embargo, a lo largo de su vida con Dios aprendió a dominarse, de modo que con razón pudo llamársele “… muy manso, más que todo los hombres”, Números 12: 3. Comprendió toda la tarea que Dios le encomendó y fue como un padre para su pueblo. Sólo por un acto de desobediencia a Dios, perdió el privilegio de entrar en la tierra prometida.

La persona que se entrega al control del Espíritu de Dios, obtendrá la mansedumbre que habrá de capacitarlo para funciones sociales, religiosas y familiares loables. El apóstol Pablo dice: “no pequen al dejar que el enojo los controle. No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados”, Efesios 4: 26 (NTV).

2. BENIGNIDAD.- “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”, Efesios 4:32.

Este principio de vida cristiana se relaciona con el perdón y la misericordia. De Juan Wesley es el siguiente pensamiento: “Haz todo el bien que puedas; por todos los medios que puedas; de todas las maneras que puedas; tantas veces como puedas, a todas las personas que puedas; por todo el tiempo que puedas”.

Muchas religiones han probado todas las formas posibles de agradar a Dios, pero Él dejó claro sus deseos: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”, Miqueas 6:8.

La persona que no práctica la benignidad, no podrá presumir ante los demás de que él es un verdadero hijo de Dios. Hay que reemplazar muchas complicadas ceremonias religiosas por actos que sean agradables a Dios.

3. TEMPLANZA.- “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna”, 1 Corintios 6:12. “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”, 1 Corintios 10:23.

Este principio significa dominio propio. Uno de los más grandes secretos para vencer las muchas debilidades innatas en la naturaleza humana es tener dominio de sí mismo. El apóstol Pablo nos dejó dicho: “… Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”, Gálatas 5:16-17.

Cierto: la ira o el enojo, el disgusto o la provocación, el hombre iracundo y pendenciero es un problema para la humanidad, pero el cristiano debe lograr un temperamento controlado por el Espíritu Santo.

Los especialistas en problemas psicológicos o emocionales nos dicen que necesitamos saber cómo dominar el temperamento. Examinan al paciente desde el principio hasta el final las causas de la irritabilidad y tratan de ayudar, entre otras cosas, con ejercicios prácticos.

La Biblia nos enseña cómo enfrentarse a los conflictos personales, familiares, sociales, políticos, emocionales, sentimentales, doctrinales, religiosos, espirituales, etc. Dios nos enseña en su Palabra a ser participantes de la naturaleza de Cristo: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”, 2 Pedro 1:5-8.

4. HUMILDAD.- “El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; Y a la honra precede la humildad”, Proverbios 15:33.

La humildad es lo opuesto a la soberbia, arrogancia, vanagloria, orgullo. Ser humilde no significa despreciarnos, ni tener una pobre opinión de nuestras virtudes y talentos. No se trata de auto-afligirse y decir: “no soy nada, no valgo para nada, soy un pobre miserable”. No, no se trata de eso; por el contrario, la humildad es señal de fortaleza espiritual. “Falsa humildad equivale a orgullo”, Pascal.

En el libro “Cristo, el dolor y yo” de J.H.B Garrastegui, dice:

“La humildad…
-te hace conocer el límite de tus fuerzas
-te revela los propios defectos para corregirlos
-no te convierte en despreciar a nadie
-te inclina a aprovecharte del consejo y ejemplo de los buenos
-te hace sentir como propias las necesidades y miserias ajenas
-te hace mirar con frivolidad indigna el afán del aplauso
-te hace vivir en la verdad de lo que eres ante Dios y tu conciencia, entregándote sin reservas a su servicio y al de tus hermanos”.

5. FE.- “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos”. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”, Hebreos 11:1-2, 6.

Este es el principio cristiano más importante que encontramos en las Sagradas Escrituras. El principio de las prioridades del creyente. Lamentablemente esto no siempre es una realidad en el pueblo de Dios.

Mucha gente en la actualidad ha decidido seguir o inundar los espacios públicos y privados con figuras de personajes narcisistas, mitómanos, ególatras, pendencieros, etc. El culto a la personalidad parece ser la tabla de salvación para muchos.

Los cristianos no ponen su fe en los hombres y/o humanos. No deben cometer el error de dejar de mirar a Cristo para fijarse en otros. ¡Es lamentable que haya creyentes que consideren de mayor importancia la imagen y el favor de un hombre, ya sea religioso o no, que el del Señor!

Esto dice la Biblia: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”, Hebreos 12:1-3.

Moisés es uno de los grandes héroes de la fe. Cuando nació, su pueblo era esclavo en Egipto. Faraón ordenó que todos los niños hebreos nacidos en el tiempo del nacimiento de Moisés murieran. Moisés fue protegido por personas temerosas de Dios, entre las cuales estaba su madre y su hermana. La hija de Faraón logró que Moisés llegara a ser parte de la familia real. Fue necesaria la fe para que Moisés renunciara a su lugar en el palacio, pues su vista estaba puesta en el Señor (Hebreos 11: 23-29).

Es muy fácil ser engañados por los placeres temporales de las riquezas, de la fama y del poder y no ver la fe en Dios como lo más precioso e importante de la vida. La fe nos conduce a mirar más allá del sistema de valores del mundo para ver los valores eternos del reino de Dios.

La fe en Dios es más que el acto de creer (los demonios también creen y tiemblan según Santiago 2: 19). La fe se basa en la participación de las enseñanzas de Cristo y de los apóstoles. Es el resultado del impacto de la gracia de Dios en el Calvario. La fe es un clima espiritual, un modo nuevo de vivir, una experiencia del nuevo nacimiento espiritual. La fe obra en nosotros por medio del Espíritu Santo, de la Palabra y de la oración.

6. ESPERANZA.- “La esperanza que se demora es tormento del corazón; Pero árbol de vida es el deseo cumplido”, Proverbios 13:12.

Vivir en esperanza debe ser nuestro pan cotidiano. Sólo el incrédulo carece de esperanza en Dios. Para vivir sin esperanza es mejor no haber nacido.

La Biblia define la esperanza como una expectación de un bien espiritual futuro. Para los escritores del Antiguo Testamento, Dios es la esperanza de Israel: “Oh esperanza de Israel, Guardador suyo en el tiempo de la aflicción, ¿por qué te has hecho como forastero en la tierra, y como caminante que se retira para pasar la noche?”, Jeremías 14:8. O anticipan las bendiciones divinas: “Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza”, Salmos 62:5.

En el Nuevo Testamento, Cristo es la esperanza del cristiano: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza”, 1 Timoteo 1:1. El mensaje del Señor Jesús es uno de esperanza: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado”, Lucas 4:43.

Si por una parte es un pecado de muerte espiritual y condenación eterna ser como Dios, por otra también lo es la falta de esperanza en la vida eterna. La esperanza cristiana, por tanto, provoca una confianza en las promesas de Dios en el presente y futuro. Cuando el cristiano conoce la crisis se aferra a las promesas divinas.

7. CONTENTAMIENTO.- “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:12-13.

Pablo estaba contento porque pudo ver la vida cristiana desde la providencia de Dios. Se concretó en lo que se suponía que debía hacer, no en lo que sintió que debía tener. El poder que recibimos en nuestra unión con Cristo es suficiente para sentirnos contentos y para saber que Dios proveerá para los desafíos que surgen en la vida.

El Señor siempre participa en el sostén económico de los suyos. De Él son estas palabras: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?”. “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”. “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”, Mateo 6: 25, 31, 34. El que se afana se ve asaltado por el temor y la desesperanza y se le hace difícil confiar en Dios. No permita que su ansiedad, sus preocupaciones, sus temores afecten su relación espiritual con el Señor.

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”, 1 Timoteo 6:6-10.

8. PAZ.- “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”, Isaías 26:3.

Había una vez un rey que ofreció un gran premio al artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron ganar el premio. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera, era un lago muy tranquilo; este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con suaves nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura, también tenía montañas, pero éstas eran escabrosas y descubiertas; sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos; montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua; todo esto no se revelaba para nada pacífico. Pero cuando el rey observó cuidadosamente esta pintura, miró tras la cascada una grieta en la roca, en la cual se encontraba un nido. En medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba plácidamente un pajarito en el medio de su nido. “¡Paz perfecta!”, dijo el rey y escogió la segunda pintura porque para él la paz no significaba estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin dolor.

Paz espiritual significa que, a pesar de estar en medio de todas las tormentas de esta vida, debemos permanecer confiados en el Señor. Nunca podremos evitar los conflictos en el mundo que nos rodea, pero con Dios conoceremos la paz aún en medio del caos. Cuando nos encomendamos al Señor, nuestra actitud es firme y estable. Apoyados por el consuelo y amor inalterable de nuestro gran Salvador, la confusión no nos conmoverá.

¿Desea la paz? Entonces mantengan en mente estos versículos: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo”, Salmos 119:165. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”, Juan 14:27. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, Juan 16:33.

Nunca el cristiano perderá la paz si olvida las noticias falsas y deja los pensamientos tormentosos de la mente. ¡Cuánto bien le hace al creyente vivir las implicaciones del Salmo 23 y atesorarlo en su mente y corazón!

9. CARIDAD.- “Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”,* Mateo 6:2-4.

La caridad bien entendida es un acto de amor. Proverbios 19: 17 dice que “quien da a los pobres presta a Dios”. Juntar las manos para orar está bien, también cuando se abre para dar. La caridad es ciertamente una hermosa y bella expresión de amor, grata al prójimo más necesitado y también grata a los ojos de Dios. Si en la vida cristiana no hay caridad bien podemos decir que la misma es “como metal que resuena, o címbalo que retiñe”, 1 Corintios 11: 1.

Oportuno y conmovedor resulta este poema cristiano que lleva por nombre “A MÍ LO HICISTEIS”.

Cristo no necesita que lo cures,
Cristo nunca enfermó,
Mas piensa cuando cures algún pobre
Que estás curando a Dios.

Cristo no necesita de alimento,
No tiene hambre el Señor,
Mas piensa cuando asistas al hambriento
Que alimentas a Dios.

Cristo no necesita de vestidos
Para entrar en calor,
Pero siempre que cubras al desnudo
Di que vistes a Dios.

Cristo No anda buscando que lo hospeden
Cual extranjero, no,
Pero siempre que hospedes a un hermano
Di que hospedas a Dios

Ya Cristo no estará jamás en cárcel,
Ya no hay para Él prisión,
Mas siempre que visites a los presos
Visitarás a Dios.

Ya en los ojos de Cristo no habrá llanto
Aunque llorar solió,
Mas siempre que consueles a los tristes,
Consolarás a Dios.

Ya mi Cristo no lleva a hombros cargas
Aunque muchas llevó,
Mas piensa cuando ayudes al cargado
Que ayudas a tu Dios.

Cuando Jesús dijo “no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, enseñó que nuestros motivos para dar deben ser puros. Los cristianos deben dar con el corazón, con generosidad, no para lucir bien ante los demás ni tampoco para recibir recompensa, sino por amor y con gratitud a Dios. Muchas veces la manera de dar vale más que lo que se da.

Conclusión.- Los principios de vida cristiana tratados al inicio de esta semana de febrero de 2021, son algunos lineamientos básicos para una vida espiritual fructífera. Todos podemos y debemos poner en práctica: MANSEDUMBRE, BENIGNIDAD, TEMPLANZA, HUMILDAD, FE, ESPERANZA, CONTENTAMIENTO, PAZ Y CARIDAD. ¡Amén!

E.D.A.