La hora de la fe | #281

2021-03-13T21:20:21-04:00 6 de marzo de 2021|E.D.A.|

“En ti confiarán los que conocen tu nombre, Por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron”, Salmos 9:10.

Dios nunca desampara a aquellos que le buscan de corazón. Desamparar a alguien es abandonarlo. Dios no ha prometido que si confiamos en Él nunca experimentaremos una pérdida o sufrimiento, pero sí ha prometido que nunca nos desamparará no importa lo que suceda.

Son muchas las situaciones que pueden causarnos miedo: inseguridad en el trabajo, problemas de salud, discusiones en la familia, violencia en la ciudad, etc. En todas esas y más situaciones críticas, podemos actuar de diversas maneras. Algunos eventos, sin embargo, nos paralizan en vez de motivarnos a proseguir y afrontar las dificultades con dominio propio. Bajo la presión de ciertas circunstancias, muchas veces pensamos que Dios nos dejó a nuestra mal llamada “suerte”. Eso nunca ocurrió y nunca ocurrirá. El Señor, mediante Su Espíritu, está siempre junto a sus redimidos, dispuesto a ayudarnos, decimos dispuesto a ayudarnos y no a evitar ni solucionar todos los problemas. Esta forma de pensar no es bíblica. No es cristiana. Eso sí, Dios siempre es amoroso: “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”, Nahúm 1:7.

Es verdad que, en ocasiones, un día de sol puede transformarse en un día oscuro cuando irrumpe un fuerte temporal. Con nuestra vida puede suceder lo mismo. En un momento, está todo bien, pero de repente, surge la adversidad. En ocasiones es difícil saber el porqué de cada sufrimiento, dificultad o tormenta emocional. Pero el Señor está siempre cerca.

¡Qué fácil es afanarse, desesperarse, llenarse de angustia! Jesús nos advierte en el Sermón del Monte que no DEBEMOS descender a esos niveles, pero nosotros lo hacemos con cierta regularidad. El apóstol Pablo tenía paz en su alma y corazón respecto a sus necesidades personales (Filipenses 4: 10-23), ¡porque el Señor le había prometido suplir las cosas del diario vivir! Pablo creía en La providencia de Dios, que Él estaba en control de los acontecimientos y que era capaz de suplir cada una de ellas.

Cuando el creyente está en la voluntad de Dios, todo el universo obra a su favor; pero cuando está fuera de ella, nada le beneficia, todo obra en su contra. La mejor manera de resolver cualquier problema es hacerlo a la manera de Dios. Abraham, el padre de la fe monoteísta, (judaísmo, cristianismo e islamismo) sabía que Dios no podía mentir, de modo que descansó en Su providencia divina, al decirle a su hijo Isaac: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío”, Génesis 22: 8. Dios no quería la muerte física de Isaac, quería que Abraham le obedeciera. En realidad, Dios estaba probando a Abraham. El propósito de las pruebas es fortalecer nuestro carácter e incrementar nuestra consagración y fidelidad a Dios y Su agenda, ¡y esto tiene recompensa divina!

E.D.A.