La hora de la fe | #287

2021-03-13T21:27:01-04:00 13 de marzo de 2021|Sin categoría|

Con cierta frecuencia nos encontramos con personas que culpan a Dios por lo malo que les sucede. Ante una tragedia, crisis o problemas económicos, enfermedades, escasez de alimentos, la pérdida de un ser querido, etc., muchas personas optan por echarle la culpa a Dios.

Este problema es el que plantea el escritor del Salmo 73. En momentos muy críticos de su vida, Asaf, estuvo por caer en la tentación de culpar a Dios por sus problemas, de creer que pasándose al bando de los malvados, todo se iba a resolver. También el salmista comparte la manera como solucionó su problema.

En la primera estrofa, Asaf expone su queja ante Dios. Su desconcierto ante el fracaso de los que luchan por ser buenos e ir por el camino de Dios, mientras los malos que van por el camino de perdición “prosperan”, le indujo a decir: “Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los impíos de corazón. En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos”.

Culpar a Dios ante cualquier crisis, es tener un concepto equivocado de Él. Es creer que Dios es igual a los hombres, que nos puede ignorar, borrarnos de su lista, hacerse el desentendido en lo que respecta a nuestros problemas. Culpar a Dios, indica que nuestra fe no tiene sólidos fundamentos bíblicos. “El es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; ¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?”,Job 9:4.

En las siguientes estrofas, el salmista Asaf abunda en los “beneficios” de los que no eran de corazón limpio, llegando al punto de sentir envidia por el éxito de ellos. Esto fue lo que dijo: “No pasan trabajos como los otros mortales, Ni son azotados como los demás hombres. Por tanto, la soberbia los corona; Se cubren de vestido de violencia. Los ojos se les saltan de gordura; Logran con creces los antojos del corazón. Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia; Hablan con altanería. Ponen su boca contra el cielo, Y su lengua pasea la tierra”, vv. 5-9.

El salmista se deprimía al contemplar la aparente prosperidad de los impíos a la vez que veía las dificultades de vivir una vida de rectitud. Pero comenzando con los últimos versículos, su actitud cambió completamente. Contempla la vida desde la perspectiva de estar bajo el control de un Dios Soberano, Santo, Providencial, y llega a la conclusión de que son los impíos, no los rectos, los que han fracasado, a los que les espera condenación.

Llama la atención lo dicho en el versículo 17: “Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos”. ¡Qué interesante! El salmista, a través del Espíritu, fue al santuario o templo, y adora a Dios en un culto. Allí comenzó a comprender la perspectiva divina acerca de los malos y la bendición de los santos. El salmista se arrepiente de haber valorado la vida de forma material por encima de lo espiritual.

El salmista después de haber hecho estos descubrimientos espirituales, no quiere quedarse con ellos en secreto. Desea gritarlo a los cuatro vientos. Quiere que todos se enteren de la paternidad de Dios que nos cuida y nos da seguridad. Quiere que los materialistas mediten que van por el camino equivocado; y también que los rectos, no caigan en la misma tentación que casi lo hizo resbalar y perder la confianza en Dios. Por eso concluye valientemente su salmo diciendo: “Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras”, vv. 27-28.

E.D.A.