La hora de la fe | #299

2021-04-03T11:16:43-04:00 27 de marzo de 2021|E.D.A.|

Al echar una mirada hacia atrás, podemos darnos cuenta de que pocos muros, no importa lo impresionante que pudieron haber sido en su tiempo, siguen en pie, pero todos los muros caen al final, ya sean reales o figurados.
Todo el que conoce, aunque sea un poco, la historia, sabe cuán cierto es esto. Hasta el día de hoy las palas de los arqueólogos continúan desenterrando los muros caídos de los grandes imperios del mundo: muros egipcios, chinos, griegos, romanos, alemanes, rusos, etc.

Examinando las Escrituras, vemos cómo los hebreos vivieron durante 430 años en una intimidante esclavitud, hasta que Dios envió a Moisés a derribar ese impenetrable “muro” del tirano Faraón.

Pocos años después, Josué y los hebreos comenzaron la conquista de la tierra prometida cerca de la ciudad amurallada de Jericó. A simple vista, esa era una impresionante estructura de piedras. Pero ante el poder del Dios vivo era nada. Cuatro palabras lo dicen todo: “¡El muro se derrumbó!”, Josué 6:20.

Posteriormente, los muros del reino de Babilonia fueron conquistados durante el reinado de Belsasar. Surgió el imperio medo-persa que parecía inconquistable, hasta que Alejandro Magno se presentó en escena. El mundo debió haber pensado seguramente que los griegos estarían en el poder para siempre, pero después vinieron los romanos con sus emperadores y los “muros” se cayeron. Los romanos creyeron que sus muros permanecerían para siempre. Eran fuertes, sin duda alguna, pero al final cayeron bajo la invasión de tiranos bárbaros, más despiadados que ellos.

¡Todos los muros caen al final! Hasta los “muros” de nuestra vida, visibles e invisibles, a la larga caen. Y también los “muros” levantados contra la fe cristiana. No hay “muro“ tan grande que sea más grande que Cristo. No hay una barrera tan difícil que Cristo no pueda derribar. Alguien dijo: “No hay un corazón tan perverso que Dios no pueda cambiarlo. No hay escrito tan indeleble que Dios no pueda borrarlo. No hay un escenario tan oscuro que Dios no pueda iluminarlo”.

Ningún corazón es tan duro que Dios no pueda penetrarlo y ninguna voluntad es tan obstinada que Él no pueda dominarla cuando lo desee. Nadie, absolutamente nadie, no importa quién es o lo poderoso que es, es rival para el Dios Todopoderoso.

Todos los días caen “muros”. Pero no podemos predecir cuándo caerán los nuestros. Sin embargo, Dios se ocupará de derribarlos. Nuestro “muro” puede ser cualquier injusticia, enfermedad, humillación, perversidad, dolor, depresión, abatimiento, llanto, ¡pero el Señor lo derribará! Leemos en Daniel 4:35: “Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?”.

Apreciado creyente, amigo: quienes amamos y servimos a un Dios soberano, creador de los cielos y de la tierra, nada debe atemorizarnos ni asombrarnos. Dios está en control de todas las cosas. “… ¿Quién se endureció contrato él, y le fue bien?”, Job 9:4. Discutir con Dios y/o rechazarlo es inútil e improductivo. Aunque nos mostremos impacientes con Dios, NUNCA lo rechacemos ni lo olvidemos, porque solo así todo redundará para nuestro bien (Romanos 8:28).

E.D.A.