La hora de la fe | #300 – #305

2021-04-03T19:44:09-04:00 3 de abril de 2021|E.D.A.|

Estaremos viendo los misterios que estuvieron presentes en el Calvario; de la cadena de milagros que rodeó la muerte del Señor Jesucristo: Las tinieblas al mediodía, el velo rasgado, el temblor de la tierra, los sepulcros abiertos, los lienzos y el sudario de Jesús en el sepulcro y la salida de muchos cuerpos de sus sepulcros.

1) “Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y el sol se oscureció…”,Lucas 23:44, 45ª.

Jesús llevaba 3 horas clavado en la cruz (desde las 9:00 am) y eran las 12 del mediodía cuando las tinieblas aparecieron, por espacio de 3 horas. Nadie puede asegurar que las tinieblas no se extendieron sobre todo el globo terrestre que en esos momentos gozaba de luz solar. Pero si el milagro se limitó tan solo a Judea, ciertamente aun así fue algo sobrenatural.

No fue un eclipse. ¡No! ¡La oscuridad cubrió la tierra durante tres horas! Por lo tanto, esto ocurrió como un milagro de Dios, durante la festividad de la Pascua; el sol se oscureció de una manera nunca vista. ¡Qué cosa tan impresionante! ¡Qué manifestación de la Omnipotencia de Dios que nos hace temblar!

Al terminar ese período, el sol brilló nuevamente, todo fue visible otra vez y todo siguió su curso. Jesús comienza a hablar y la multitud que estaba alrededor de la cruz le veía y oía. Los evangelistas no relatan todo lo que aconteció en esos momentos, en realidad dicen muy poco; pero tan ilustrativa son sus insinuaciones que crean en nuestra mente algo espantoso. Se oían cómo caían las gotas de sangre del Señor Jesús. El suspenso es aterrador. El temor se apoderaba de todos los que estaban allí.

¿Cómo explicar este misterio? Esa oscuridad fue una gran manifestación de Dios, pues sólo Él, la gran causa de todo lo creado, puede interferir en el curso regular de sus propias obras (Véase Job capítulo 38). La creación no tenía en sí ningún poder para producir tal oscuridad. Ni el mismo Satanás tenía tan grande facultad.

Cuando consideramos cuán exclusivamente esta oscuridad se identificó con la muerte de Cristo, tenemos la prueba más fehaciente de los designios de parte de Dios para manifestarse así mismo. Jesús, el Hijo de Dios, moría por los pecados de todo el mundo. Dios estaba en el escenario del Calvario. Dios estaba en control de la situación. Dios estaba mostrando que era el Creador del universo Salmo 8). Era su providencial propósito autentificar e interpretar Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Jesús quiere que hagamos de Él nuestra luz espiritual a fin de que sea nuestra salvación. Él es el resplandor de la presencia de Dios que se extiende hasta el fin del mundo. Es la luz que nos capacita para conocer la santidad de Dios y, por tanto, constituye la norma moral y espiritual para todo el que anda en la oscuridad del pecado.

La oscuridad del Calvario ha desaparecido y la luz verdadera brilla ahora a través del Hijo de Dios. Él es la luz del mundo: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella… Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció”, Juan 1:5,9,10. “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”,Juan 8:12.

2) “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo…”, Mateo 27: 51ª.

El rasgado del velo no tuvo nada que ver con el terremoto, ¿qué causó la rotura de la cortina del templo? Fue, podemos decir, la voz fuerte del Salvador que expiraba lo que rasgó en dos el velo del templo; y no solamente esto, sacudió la tierra y hundió las rocas. El centurión que estaba al pie de la cruz fue afectado al ver cómo clamaba Jesús.

Debemos establecer una idea correcta en cuanto al velo. El templo sustituyó al tabernáculo, pero el velo del templo era una reproducción del antiguo tabernáculo. Había mucha diferencia entre los dos edificios; pero en cuanto a los velos, el último era del mismo material y ornamento y sus propósitos idénticos. El velo era una cubierta que colgaba para separar el lugar santo del santísimo

Así, en las estructuras del tabernáculo como en las del templo tenemos el simbolismo de la adoración a Dios. Las personas estaban separadas de los sacerdotes y del sumo sacerdote. La gente estaba en el atrio, los sacerdotes en el lugar santo y el sumo sacerdote tenía la misión de entrar en el lugar santísimo el día de la expiación por los pecados del pueblo, con la sangre de un cordero sin mancha. Era la única persona que tenía ese privilegio y esto lo hacía una vez al año, rociando la sangre sobre el propiciatorio (una plancha de oro que sostenía los querubines sobre el Arca del Pacto, Éxodo 25:17-22).

Lo notable del hecho es que el rasgado del velo fue una gran noticia para la humanidad. Su ruptura significó que el camino a la presencia de Dios fue abierto a todos a través de uno nuevo y vivo: Jesucristo. Muestra que ningún hombre o religión pudo haberlo roto, ¡Dios lo hizo mediante la cruz de Cristo! “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”, Hebreos 10:19-22.

La obra de Cristo en la cruz del Calvario no está expuesta a quiebra espiritual. Por fe y adoración a Dios tenemos el cielo abierto. El perdón de pecados y la salvación están asegurados: “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia para el oportuno socorro”, Hebreos 4:14-16.

La obra de Cristo contrasta con el trabajo de los sacerdotes judíos y el de otras religiones actuales. El sacrificio de Cristo, al morir en nuestro lugar, acabó con el sistema mosaico y con cualquier sistema religioso de nuestros tiempos. Cuando creemos en Cristo, Él nos abre el camino al Padre para ser salvos de toda maldad. TODOS LOS CREYENTES EN CRISTO JESÚS, podemos entrar a la presencia de Dios en todo momento. La muerte del Señor Jesucristo quitó el velo para siempre (Hebreos 6:19,20).

3) “… y la tierra tembló y las rocas se partieron”, Mateo 27:51.

Al igual que las tinieblas y el rasgamiento del velo, fue una manifestación sobrenatural por medio del cual Dios dio a conocer la importancia de la muerte de su Hijo. El temblor de la tierra tuvo lugar en el mismo instante en que Cristo expiraba, y siguió al fuerte grito de victoria: “consumado es”. La fuerza del clamor dio lugar al temblor. No se nos indica cuál fue la duración e intensidad del temblor. La palabra “tierra” puede significar sólo una región o referirse únicamente al monte Calvario. Lo cierto es que debajo de la cruz, la tierra se estremeció y las piedras se escondieron.

No nos interesa lo que dicen ciertos escritores profanos con respecto a este milagro, porque ¿cuál de ellos se encontraba en las proximidades de tan maravilloso lugar para la fe cristiana? Nos basta con que Mateo lo haya mencionado y lo haya hecho como un testimonio de los acontecimientos sobrenaturales ordenados por Dios. Fue el resultado de la intervención de Dios y no natural.

Esto si es notorio: La cruz del Salvador, aunque el mismo Calvario tembló, no se movió. Abrió tumbas, pero no todas las tumbas, como vamos a ver en el próximo estudio, sino solamente la de los santos. La cruz de Cristo debe estar siempre presente en nuestro recuerdo, pero el que murió en la cruz por nosotros debe ser entronizado en nuestro corazón. “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios”, 1 Corintios 1:18,22-24. ¡Cristo es el único que tiene poder para salvar a todos los que creen en Él!

Al referirnos al temblor bien podemos decir que la tierra se estremeció de gozo. Por supuesto, en sentido figurativo; sin embargo, no es un simple concepto retórico. Existe un fundamento bastante sólido empleado por el apóstol Pablo en cuanto al gozo y la esperanza de toda la naturaleza: “porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”, Romanos 8:21-23.

Tanto la naturaleza como nosotros miramos hacia los nuevos cielos y tierra que Dios prometió y esperamos un nuevo orden que librará al mundo del mal. Un día la creación será liberada y transformada cuando Cristo venga por segunda vez (véase 2 Pedro 3:10; Apocalipsis 21:4,5). No solo nuestro cuerpo físico, sino el resto del universo saltarán de gozo y alegría plena cumpliéndose así el propósito original de Dios. Dice el profeta: “Porque con alegría saldréis y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso”, Isaías 55:12.

Sí, la tierra y todo lo que en ella hay temblaran de gozo, como ya sucedió en el monte Calvario. Ella, como nosotros, recuperaremos el mundo hermoso que Dios creó.

4) “… y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”, Mateo 27:52,53.

En verdad, en cierto modo éste parece ser el más llamativo de los milagros que hemos considerado hasta ahora. ¿De quiénes eran los sepulcros? Eran de los santos, de los creyentes en Dios. Esto deja sin efecto la idea de que eran fantasmas o apariciones espirituales. Algunos estudiosos han sugerido los nombres de Simeón, Ana, Zacarías, José, Juan el Bautista y otros creyentes de los tiempos de Jesús. Sin embargo, estos nombres no dejan de ser simples especulaciones. Lo cierto es que los sepulcros fueron abiertos en el mismo instante de la muerte de Cristo, y los cuerpos de ellos no se levantaron sino hasta después de Su propia resurrección.

No es el hecho de la resurrección de los santos lo que ahora estamos considerando, sino simplemente el de la apertura de los sepulcros. Esta apertura tenía un propósito, aparte de la enseñanza de la resurrección de los muertos, algo que el apóstol Pablo nos lo aclara y que no debemos perder de vista: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”, 1 Corintios 15:55-57.

Pablo amplió su gozo ante la realidad de que la muerte y el sepulcro no puede retener la mediación de Cristo. Es algo que el cristiano no debe perder de vista. Todos moriremos y todos seremos sepultados. Del polvo fuimos formados y al polvo volveremos. Sin embargo, no hay poder ni fuerza que pueda retenernos en nuestra última morada terrenal. ¡Cuán enfático es este milagro! Juan dijo: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”, Apocalipsis 1:17,18. Solo Cristo tiene el poder y la autoridad para darnos la libertad del dominio del sepulcro. Los cristianos no tenemos por qué temer a la muerte ni al sepulcro porque Cristo tiene la llave de ambos.

Ahora bien, el hecho de que los sepulcros fueron abiertos en el mismo instante de la muerte de Cristo, pero que las resurrecciones no se llevaron a cabo sino hasta tres días después, nos indica que con la resurrección de Cristo todo resucita, porque Cristo es hecho primicia de los que murieron: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicia de los que durmieron es hecho”, 1 Corintios 15:20. (véase 1 Tesalonicenses 4:16-18)

Saber exactamente cómo resucitarán los muertos, no es tan importante como el propósito por el cual la Palabra de Dios exhorta a los creyentes a consolarse y animarse mutuamente cuando un ser amado cristiano muere. El mismo amor que debe unir a los creyentes en esta vida, nos unirá cuando Cristo regrese y reine por la eternidad. Porque Jesucristo resucitó, todos los creyentes también resucitaremos para estar con Él por siempre. “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”, Juan 11:25,26.

5)“Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido al sepulcro; y vio, y creyó”, Juan 20:6-8.

Esto ocurrió el domingo por la mañana, muy temprano. Cuando Pedro y Juan entraron, no vieron el cuerpo de Jesús, pero sí los lienzos y observaron que éstos estaban colocados en orden y el sudario en un lugar aparte.

Que esto es una descripción de un estado de cosas maravillosas es evidente por el hecho de ser el centro de la fe cristiana: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron”, 1 Corintios 15:12-18.

La resurrección de Cristo es el centro de la fe cristiana. Si Jesús no hubiera resucitado, los cristianos no habrían podido obtener el perdón de sus pecados y por lo tanto no tendrían esperanza de vida eterna. “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”, Juan 14:19,20.

Tal es la figura de la resurrección que nos han legado las mortajas de Jesús en orden dentro del sepulcro. ¡El Señor ha resucitado! Si los discípulos le hubieran llevado, no le habrían desnudado; o si los enemigos de Jesús lo hubieran hecho, no habrían acomodado los lienzos. Verdaderamente ninguna mano humana podría haber sacado el cuerpo de las ropas sin dejar rastro de desarreglo en el sepulcro.

Dios había estado allí. Dios se halla milagrosamente presente en el tiempo de nuestra sepultura y resurrección ¡Cuán perfecta es en todos sus aspectos la obra de Dios! La resurrección de Cristo es, como lo manifiestan las Escrituras, el modelo de la nuestra. Un cuerpo incorruptible saldrá del cuerpo natural y corruptible para los santos en una fecha futura. “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor… pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo y presentes al Señor”, 2 Corintios 5:1,6,8.

El cristiano no debe temer morir porque pasará a la eternidad con Cristo. Naturalmente, enfrentar lo desconocido origina ansiedad y despedir a los seres cristianos queridos duele profundamente; pero si creemos en Jesucristo como nuestro Salvador debemos poseer la misma esperanza de Pablo de que pasaremos la vida eterna con Cristo. Dejemos que esta esperanza y milagro divino nos dé confianza y nos inspire para cumplir en esta vida lo ordenado por las Escrituras. ¡Oh grata esperanza, en la cual debe deleitarse el creyente en Cristo! Nuestra vida está escondida en Él (Colosenses 3:3).

6) “El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de los que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día”, Lucas 24:1-7.

Esta escena está íntimamente relacionada con la anterior; es parte de lo que Pedro y Juan vieron dentro del sepulcro. Inferimos por este relato que los “dos varones” eran ángeles (Mateo 28:1-7). Estos ángeles preguntaron a las mujeres por qué buscaban en la tumba al que vive. A menudo vemos a personas que buscan a Cristo entre los muertos. Pero Jesús no está entre los muertos. ¡Él vive! Reina en los corazones de los creyentes vivos y mora en la casa del Padre con los que partieron a la eternidad. Si aquellas mujeres hubieran recordado las palabras de Cristo antes de ir a la cruz, se habrían ahorrado mucho sufrimiento.

Muchos leen la Biblia como si fuera un simple documento histórico y van a la iglesia como si asistieran a un servicio funeral. Pero Jesús no está clavado en la cruz, ni entre los muertos, ni en el sepulcro. Buscan a Jesús entre los muertos ignorando que Él está vivo, glorificado y que está con nosotros, no como un líder religioso, político o militar, sino como Rey, Señor, Maestro y Salvador, todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20).

Debemos dar a Jesús ese lugar en nuestra vida, adorarlo como nuestro Dios y servirle como la Cabeza de la iglesia. Los creyentes que oyen hablar de la resurrección de Cristo por primera vez, necesitan meditar en la Biblia para comprender esta maravillosa historia. La más grande y preciosa historia del que murió en la cruz del Calvario y que ahora vive en los cielos y tiene las llaves de la muerte y del Hades (Apocalipsis 1:17,18).

Nuestros pecados nos condenan, pero Jesucristo nos libra de la esclavitud de ellos. Solo Él tiene tan grande poder y autoridad para darnos un presente y futuro lleno de bienestar espiritual. Esto no significa que no tendremos dolor, problemas ni sufrimiento, sino que Él nos ayudará a llegar a un final glorioso. Cristo jamás olvida a sus seguidores por cuanto Él vive para interceder delante del Padre por nosotros. Así dice la Biblia: “…por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”, Hebreos 7:25.

¡Cuán inestimable es la certeza de nuestra fe en el Cristo resucitado! Estamos unidos a Él con la misma experiencia de vida y gloria eterna. Solamente los que son de Cristo lograrán el cuerpo de la resurrección señalado en 1 Corintios 15. Solamente los redimidos por Él, saldrán a resurrección de vida eterna. ¿Tiene usted esta certeza? ¿En qué categoría se ubica su resurrección según 2 Tesalonicenses 1:6-12?

¡El Señor ha resucitado! Porque Él vive, nosotros también viviremos. Él estará con nosotros en todo momento, no debemos temer. No es necesario que conozcamos totalmente el futuro para tener fe en que nosotros, viviremos y reinaremos con Él. ¡Amén!

E.D.A.